TROMPETA


“Bésame mucho”, “Al di la”, “Cuando llora mi guitarra” eran las melodías que se repetían una y otra vez en el sonido de la trompeta que iba viajando por el aire, desde alguna esquina o rebotaba en las paredes de los edificios de los condominios; que hacían caer escasas monedas, de oyentes compasivos, sorprendidos viandantes, curiosos o también de aquellos que pensaban que pagando algo, el trompetista se iría con su música a otra parte …

Se movía con dificultad, y eran siempre las mismas tres canciones, en el mismo orden, con las mismas, arrastradas, desafinadas notas; un repertorio escaso y medio quejumbroso que se escuchaba por diferentes sitios mañana, tarde y noche …

Los perros ladraban, se oía una que otra protesta en voz alta, pero la trompeta continuaba hasta que terminada “Cuando llora mi guitarra”, se hacía el silencio y en efecto, “la música se iba a otra parte”; entonces las monedas servían para comer algo y llevar un dulce, al cuarto que compartía con el pianista ciego, porque sabía que Freddy, cada noche, esperaba el dulce en su oscuridad eterna …

Nunca tocaba la trompeta en el cuarto, porque era chiquito, porque estaba Freddy que sería ciego, pero tenía “oído de músico”, porque los vecinos se habían quejado y porque en realidad, no aguantaba que Freddy le dijera – como esa vez- que desafinaba.

No tendría piernas, pero sí orgullo … O tal vez era vergüenza.

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