EL APODO


Era alguien que siempre iba detrás de su esposa. La seguía. Nunca iba al costado, acompañándola, ni tampoco iba adelante, precediéndola. Atrás, rezagado, adoptaba aire humilde y decía a todo el mundo que Ester, su esposa, era muy malgeniada y que prefería ir detrás, como a la cola, para no discutir y así no crear ni crearse problemas. En realidad, le tenía miedo a ella y siempre andaba haciéndose la víctima…

Se había ganado con creces el apodo: “Estercolero”, le decían.

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