QUICO EN EL CORAZÓN


Quico se fue entre rayos y truenos, dándole la contra, como siempre, a todo lo usual y es que mi primo querido, que hace un año partió con rumbo al Barrio Eterno, lo hizo mientras en Lima – cosa rarísima en esta ciudad donde garúa apenas- el cielo tronaba, lanzando luminosos zigzags…

Allí lo estaban esperando, con la correspondiente “chela” y todos los ingredientes necesarios, listos, para que preparara el almuerzo; ese mismo que ensayó, maravillando a todos (y eso, que eran “ensayos” nada más), mientras anduvo por aquí …

Habría por supuesto los rocotos rellenos, cauche de queso y seguro un “escribano”, para la envidia de cualquier picantería que se precie de serlo. Después inventaría y a lo tradicional, sumaría su imaginación cocinera, entre ollas, peroles y sartenes celestiales e ingrávidos, dejando que la fantasía volara y se cociera a fuego lento, para tomarse otra cerveza y disfrutar con lo que estaba haciendo…

Quico no solamente cocinaba sobresalientemente, minimizando su arte culinario con un “¡Pchsss…!” displicente, sino que era uno de esos que lo saben todo y se metía en camisa de once varas, por el puro hecho de llevar la contraria.  Tan bueno como el pan recién horneado, “hippie” de corazón, nunca dejó de serlo y trashumó en el estudio/oficina del canal 4 de la televisión arequipeña, con su inseparable amigo Gerardo. Ideamos juntos una “empresa” para trabajar spots para la tele, que, por supuesto, nunca despegó, porque yo andaba en quehaceres publicitarios y él en sus cosas, que eran varias, entre ellas la fotografía (y debo confesar que era tan magistral fotógrafo como gran cocinero). Quico, iba de una a otra cosa y a lo que hiciera, le ponía el empeño de quien sólo hace una…

Formó parte, con su hermano Lucho y su primo Gilberto, de la aventura inmensa de “Ñawi” (una palabra quechua que significa “ojo”) donde Lucho, ingenioso ingeniero, construyó desde cero, una máquina para el procesado de películas de cine (en blanco y negro) que funcionaba, sin nada que envidiarle a las de compañías de producción cinematográfica (en 16mm) tales como Telecine y la del “chino” Kohata…

En esa época, Néstor Chacón y yo también vivimos la aventura de una agencia de publicidad propia, que se llamó “Contacto”; tenía una oficina pequeñita, donde la “secretariahace todo” fue mi prima Patricia y los tres, más un muchacho que dibujaba algo y servía de “enlace” para gestiones callejeras varias, nos repartíamos las tareas del día. Tuvimos como primer cliente, al fabricante de camisas “Robin Hood” y con “Ñawi” hicimos un comercial para la tele, donde Quico y Lucho. Como se dice en el argot publicitario, “hicieron” cámara y fotografía. Además, Quico tomó las fotos para los avisos de revista…

También en “Ñawi”, con Quico, para una compañía de ingeniería eléctrica, desplegamos sobre el piso del “set” un número increíble de piezas y artículos pequeños, minúsculos, de electricidad, para hacer las “transparencias fotográficas” que irían en un catálogo…

Fueron tiempos gloriosos, divertidos y verdaderamente “aventureros” que de pronto no nos redituaron mucho en cuestión de billetes, pero sí en esa adrenalina que produce el trabajo en la publicidad y lo que tenga que ver con ella…

Quico ya no está, pero recuerdo también que tuvo una pequeña granja, en Chincha, donde fue una especie de pionero, criando gallinas “ecológicas” (como yo les decía) que andaban sueltas todo el día, comían grano y los huevos que ponían (los “huevos ecológicos”), eran la sensación de ventas en la embajada norteamericana, también con otros clientes y creo que en un supermercado y alguna tienda. Eran huevos “ecológicos”, pues, o sea naturales (gallinas libres, bien alimentadas y cuidadas      –casi engreídas- por Quico mismo) …

Quico –lo dije en un post de este blog hace tiempo- era un espíritu libre; viajero, vivió en varias ciudades europeas un tiempo, solventando sus gastos personales con la cocina y disfrutando de no tener atadura en parte alguna. Arequipeño hasta el tuétano, “el Quico” – un modo muy arequipeño de llamarlo- se fue sin despedirse y cuando Lucho me llamó esa mañana temprano para decírmelo, convinimos que Lima lo había despedido como a todo un ciudadano de la tierra mistiana: Con rayos, con truenos y tal vez con un poco de lluvia, que parecía como si fueran lágrimas…

¡Chau Quico, espérame allí donde estás y anda calentando los rocotos rellenos, que yo llevo las “chelas bien helenas” …!

Imagen: Quico, por su amigo el pintor Palao