NOMBRES


Era feo, bien feo y a ninguna de sus mascotas le puso nombre.

El perro era simplemente “perro” y el gato se llamaba “gato”; cuando tuvo un canario este fue “canario” y la tortuga que pereceaba en el jardín, fue nombrada “tortuga” …

Esta particularidad suya, que empezó cuando era niño y tuvo uso de razón, no varió con el tiempo y los diferentes animalitos que poblaron la casa, nunca tuvieron un nombre propio, sino el genérico, no porque tuviera mala memoria, sino porque desde que lo supo, siempre detestó su propio nombre y creyó firmemente en que no haría nunca lo que habían hecho sus padres con él, dándole –sin su permiso- un nombre tan ridículo: Ósculo. Pero le decían “Osculito” y lo peor era que suprimían el “os”…

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