LA CABEZA EN LAS NUBES


Que tenía “la cabeza en las nubes” le decían, porque siempre estaba distraído. Bueno, la realidad era que estaba absorto y pensando en lo último que vio o imaginó. A partir de ello, inexplicablemente, una sucesión de imágenes –como una película- le llenaba la cabeza y él las recorría entre el asombro y el entusiasmo. Por eso, inconscientemente, hacía un “¡Oh…!” con la boca y sonreía, achinando los ojos …

Era el momento de estar consigo a solas, de disfrutar de la evasión de un mundo real, que estaba lleno de piedras, bordes filosos y palabras raspantes. Le gustaba tanto que, sin ni siquiera pensarlo, repetía una y otra vez la experiencia y siempre era otra la película que ponía muecas en su rostro y le achinaba los ojos, haciendo que para los demás, pareciese siempre distraído, con “la cabeza en las nubes” o que pensaran que “tenía la cabeza a pájaros” y esto último era verdad, porque los pájaros, como su imaginación, volaban entre las nubes y veían desde arriba lo que nadie …

Lo declararon loco, idiota, retardado, pero a él no le importó. En realidad, no le importó ya nada, ya que su cinemateca interior era mejor que todo.

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