RESPUESTA A UN PREMIER QUE SOBRA


El primer ministro peruano, llamó «miserable» a un cardenal de la iglesia católica peruana, monseñor Barreto, arzobispo de Huancayo.

Pedro Barreto S.J, estudió un par de años antes que yo, en el mismo colegio de los jesuitas. Esta me parece una buena respuesta de Eduardo Recoba.

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EL ADAPTADOR


Trabajaba en una repartición pública grande, donde llegaban todos los “recomendados” de alguien “importante” y que, aunque por lo regular no tenían ni idea de lo que se trataba en esa dependencia, ni tenían ninguna habilidad especial, llegaban hasta allí por el pago de algún favor del “importante”, hacia una persona a la que “beneficiario” conocía, para la que había hecho algún “trabajito” o sencillamente le había pedido “una colocacioncita en el gobierno, usted que tiene influencias…”

“Tercerización”, llamaban a eso, porque nunca era algo directo, sino que el “recomendado” no conocía al “importante” y era el cierre de una pequeña cadena de “favores”.

En la oficina, grande, muy iluminada, llena de escritorios –algunos incluso con una computadora-, con gente que, atareada, llevaba papeles de un lado a otro y ponía cara de circunstancias, siempre había más de los lugares detrás de los escritorios, donde una silla vacía, esperaba ser llenada por un “nuevo” … Cuando este, normalmente temeroso y apocado, hacía su ingreso una mañana, el jefe de la oficina le asignaba el lugar y con un pequeño discurso, lo presentaba como “un nuevo integrante del equipo”, le estrechaba ceremoniosamente la mano y se iba …

Aquí entraba en acción el “adaptador”, que se acercaba como para saludar al “nuevo” y darle la bienvenida; se le sentaba al frente, al otro lado del escritorio impoluto y le decía: “¡Hola, me llamo Jacinto, pero todos aquí me conocen como “adaptador”, porque me encargo de eso, pues …De hacer que te adaptes al trabajo, a tu “enchufe”, del que yo sé que no sabes nada …” Se cruzaban sonrisas y él le dejaba encima del escritorio, un sobre, diciéndole que ahí estaban sus primeras instrucciones, para después levantarse e irse, sorteando los muebles, hasta perderse detrás de una mampara, donde se adivinaba otro escritorio …

Abierto el sobre, el “nuevo” encontraba un papel, que decía: “Hazte el que estás ocupado. El cajón izquierdo está lleno de papeles impresos … Coge algunos y los llevas a cualquier escritorio y los entregas. Te quedas esperando o sigues las indicaciones de la persona que está allí … Es muy importante que estés serio siempre … Todo va a ir bien. Pronto te seguiré dando instrucciones o si quieres, a la hora de almuerzo, encuéntrame en la escalera y hablamos… P.D.: Como todo tiene un costo en la vida, mis servicios valen 300 soles al mes, por seis meses… Por favor, rompe este papel.”

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