«DE LA MÁQUINA DE ESCRIBIR…¨»


Ordenando mis papeles antiguos, encontré parte de un block de hojas de papel periódico que usé hace mucho, pero mucho tiempo, para escribir mis textos publicitarios, cuando empecé mis aventuras de creativo publicitario “por la libre” o “freelance”, que inicié y detuve varias veces (detuve, cuando trabajaba “fijo” para alguna agencia de publicidad) y retomé en los intervalos – que fueron bastantes- hasta que tuve una agencia propia …

El encabezado, en letras minúsculas, de color marrón rojizo, decía “de la máquina de escribir de manolo echegaray”. Lo acompañaba un dibujito que supongo llegó a mis manos desde alguna revista …

Recuerdo que también hice tarjetas, papel de carta y sobres con el mismo muñequito y el “de la máquina de escribir de manolo echegaray” en minúsculas color marrón-rojizo. ¡Toda una “personalización” de comunicaciones, para “cazar” clientes en un coto lleno de competidores …!

Miro con cariño esa porción no usada del block, y sé que, en alguna caja se esconden hojas para carta, de papel bond “membretado y sobres en bond–tamaño oficio-, membretados también …

En todos esos papeles anidan aún las esperanzas de avisos, de guiones para comerciales de radio o tele, de cartas de presentación o agradecimiento y de direcciones mayormente comerciales … Entonces han venido a mi memoria las anécdotas, como la imprenta que me hizo la papelería y que se llamaba “Gráfica Morsom”, donde era gerente, quien fuera mi amigo Beat, y a quien “le perdí la pista” hace tantos años …

De veras, he sentido un calorcito reconfortante en el pecho que me ha animado a escribir, aunque sin usar papel “de la máquina…” y a recordar tiempos de fumar en pipa, soñar, ni pensar en llegar a esta edad y vivir de eso… ¡De recuerdos!

Imagen: ilustración papel para textos/manolo

LA MEMORIA DE LAS PIEDRAS


El título, debo aclarar, pertenece a un libro de la escritora Carol Shields, donde “Stone”-piedra, en inglés- es el apellido de la protagonista, Daisy, cuya madre, Mercy, murió al darla a luz …

Tmé prestado el título, porque muchas veces me he preguntado, qué tal si las piedras, inanimadas a simple vista, tuvieran memoria y almacenaran los recuerdos como lo hace nuestro cerebro, siendo depositarias de un archivo increíble de sucesos e imágenes de lo más infinitamente variado y que se remonta a tiempos innombrables …

Esto ya debe haber sido abordado más de una vez y seguramente se tejen muchas hipótesis y conjeturas al respecto, pero me “cosquillea” la tentación de abrir una ventana a lo que –de ser posible- sería verdaderamente fantástico; no me estoy refiriendo por supuesto a los análisis químicos o físicos para ver procedencia o edad, sino a aquello que las piedras vieron, en lo que fueron participantes …

Imaginemos un hacha de piedra prehistórica, que nos dice cómo era el ser que le dio forma, los usos que tuvo, el paisaje donde se desenvolvió su “vida” de instrumento guerrero o de caza, qué “hizo” … O una gran piedra de Sacsayhuamán que relate las ceremonias de las que fue espectadora, el cómo llegó al muro donde está desde hace siglos y quién o quienes la extrajeron, o como se cuenta y especula, le dieron forma porque “era maleable” …

Y una simple piedra de río, que nunca se bañó en la misma agua, que fue arrastrada, dando vueltas, corriente abajo, desde un tiempo sin edad …, ¿qué nos podría contar?

Tratemos de imaginar la miríada de historias, imágenes y sonidos que podríamos obtener, el maravilloso conocimiento que estaría a nuestro alcance, sin necesidad de “hacer escenarios”, sin tratar de “deducir” nada …

En algún momento, quizás lleguemos a que las piedras compartan su memoria con nosotros y entonces … ¡La eternidad podrá caber en un minúsculo “chip” de computadora …!

Imagen: https://www.boletomachupicchu.com

LA CAMIONETA DE LA UNI


Tengo la imagen muy clara: Una camioneta (lo que hoy sería un pequeño bus). Sin “trompa”, o sea con el motor situado debajo del conductor, de color verde y marca “IH” que si no me equivoco corresponde a “International Harvester”, llamada simplemente “International” …

Era la camioneta de la UNI (Universidad Nacional de Ingeniería), que de lunes a viernes llevaba a mi padre, que enseñaba en la facultad de ingenieros civiles y también fue secretario general de dicha facultad, hasta la universidad, desde una esquina de la avenida “La Colmena”, en el centro de Lima, donde él la abordaba a las 7.30 de la mañana, mientras yo, estudiante de secundaria, caminaba varias cuadras hasta “mi” colegio, el de La Inmaculada, que quedaba en la misma avenida, pero en la vereda de enfrente, para empezar el día escolar a las 8.15 a.m.

Recuerdo todo esto porque –es curioso- soñé con la camioneta verde y con mi padre, que llevaba bajo el brazo el delgado maletín o “portafolios” de cuero, al que abrazaba un cierre relámpago, donde llevaba sus papeles y algún libro delgado que estaba leyendo …

Cinco días a la semana, temprano, viajábamos juntos, mi padre y yo, desde Barranco hasta Lima, en algún automóvil “colectivo” de la línea “96”, sentados en el asiento delantero, al lado del chofer (el asiento era “corrido” y no las dos butacas actuales) y detrás iban otros tres pasajeros … El símbolo de la empresa, que hacía la ruta Chorrillos/Lima y viceversa, era un escudo con el número, grande, en el medio y dos leones rampantes, uno a cada lado del escudo. Si no recuerdo mal, los colores eran amarillo, negro, marrón y blanco. Era una calcomanía (hoy tal vez sería un “sticker” o pegatina) a la que para hacer la transferencia y pegarla en la parte superior derecha del parabrisas –vista desde el lugar de pasajero sentado- había que “remojar” la calcomanía en agua, como se hacía con todas las calcomanías o “transfers” de entonces …

Este sueño “ha jalado” recuerdos y he apuntado “palabras clave” para no olvidarlos y que, además de una especie de “gimnasia mental”, me sirvan para seguir escribiendo …  

Imagen: https://es.wikipedia.org

EL ADAPTADOR


Trabajaba en una repartición pública grande, donde llegaban todos los “recomendados” de alguien “importante” y que, aunque por lo regular no tenían ni idea de lo que se trataba en esa dependencia, ni tenían ninguna habilidad especial, llegaban hasta allí por el pago de algún favor del “importante”, hacia una persona a la que “beneficiario” conocía, para la que había hecho algún “trabajito” o sencillamente le había pedido “una colocacioncita en el gobierno, usted que tiene influencias…”

“Tercerización”, llamaban a eso, porque nunca era algo directo, sino que el “recomendado” no conocía al “importante” y era el cierre de una pequeña cadena de “favores”.

En la oficina, grande, muy iluminada, llena de escritorios –algunos incluso con una computadora-, con gente que, atareada, llevaba papeles de un lado a otro y ponía cara de circunstancias, siempre había más de los lugares detrás de los escritorios, donde una silla vacía, esperaba ser llenada por un “nuevo” … Cuando este, normalmente temeroso y apocado, hacía su ingreso una mañana, el jefe de la oficina le asignaba el lugar y con un pequeño discurso, lo presentaba como “un nuevo integrante del equipo”, le estrechaba ceremoniosamente la mano y se iba …

Aquí entraba en acción el “adaptador”, que se acercaba como para saludar al “nuevo” y darle la bienvenida; se le sentaba al frente, al otro lado del escritorio impoluto y le decía: “¡Hola, me llamo Jacinto, pero todos aquí me conocen como “adaptador”, porque me encargo de eso, pues …De hacer que te adaptes al trabajo, a tu “enchufe”, del que yo sé que no sabes nada …” Se cruzaban sonrisas y él le dejaba encima del escritorio, un sobre, diciéndole que ahí estaban sus primeras instrucciones, para después levantarse e irse, sorteando los muebles, hasta perderse detrás de una mampara, donde se adivinaba otro escritorio …

Abierto el sobre, el “nuevo” encontraba un papel, que decía: “Hazte el que estás ocupado. El cajón izquierdo está lleno de papeles impresos … Coge algunos y los llevas a cualquier escritorio y los entregas. Te quedas esperando o sigues las indicaciones de la persona que está allí … Es muy importante que estés serio siempre … Todo va a ir bien. Pronto te seguiré dando instrucciones o si quieres, a la hora de almuerzo, encuéntrame en la escalera y hablamos… P.D.: Como todo tiene un costo en la vida, mis servicios valen 300 soles al mes, por seis meses… Por favor, rompe este papel.”

Imagen: https://www.ebay.es

INVADIR LA TIERRA


Al parecer es un hecho el que los gatos planean invadir la Tierra. Están aquí desde hace milenios y figuran además en el panteón de los dioses. Bastet era la diosa-gata, protectora del hogar, según los egipcios antiguos…

Dicen las leyendas, que cuando el hombre de las cavernas llevó al perro a su morada, este, pasado un tiempo, pensó: “Este ser me acoge en su cueva, me da comida, lo acompaño a pasear y de caza, juego con él y su familia… ¡Qué afortunado soy…! ¡Debe ser dios!” …

Cuando es el gato el acogido, después de un tiempo prudencial, murmura para sí mismo: “Este ser me ofrece su morada, como de su comida, me acompaña a pasear, él y su familia juegan conmigo … ¡Qué afortunado es…!  ¡Debo ser dios!”.

Los gatos, desde que aparecieron, han dominado a los seres humanos, confundiéndolos con sus ronroneos y arrumacos, que ellos siempre han visto como señales de cariño y no saben que en realidad es satisfacción propia lo que demuestran con sus ronroneos y que los arrumacos son una manera de decir “¡Arrímate, que aquí estoy yo…!”.

El tiempo ha llegado y los gatos están organizados. Son listos y tienen vigías en los techos. Seguirán haciéndose los simpáticos animalitos domésticos juguetones, pero solamente esperan la orden que será transmitida, lógicamente con maullidos, pero en código Morse: “YA”.

Será un maullido corto, pequeño silencio y luego dos maullidos cortos y uno largo…

A los seres humanos les conviene estar bien atentos …

Imagen: https://www.purina-latam.com