EL OLOR DEL RECUERDO (II)


Es innegable que los olores, sobre todo algunos, traen recuerdos y suelen desencadenar una catarata de imágenes que nos llevan de uno a otro lugar, despiertan emociones y convierten a nuestro pensamiento en una máquina del tiempo, que viaja hacia atrás…

Sin ir muy lejos, la otra noche me despertó un olor peculiar, que al rato identifiqué con el que despiden las palomitas de maíz, también llamadas “pop corn”, al estallar en una olla y hacer, como su nombre popular lo dice, “¡pop-pop-pop…!”; de inmediato anoté en la aplicación para escribir notas de mi celular, “POP CORN”, a fin de no olvidarme y que, como el olor, las palabras sirvieran de gatillo a los recuerdos …

Y los recuerdos están ahí, haciéndome ver la máquina del pop-corn de marca “Laurel”, que no era otra cosa que una olla con su tapadera, encerrada en una especie de caja de vidrio, donde el maíz se convertía en blancas y leves “palomitas, que se ponían en bolsitas de papel, de dos tamaños –al escoger- chico o grande, según lo que uno pudiera pagar. Recuerdo que esa especie de quiosco-exhibidor-cocina, era de vidrio, en la parte superior y de metal con los colores crema y rojo en la inferior …

Mis recuerdos, si no me traicionan, se extienden a la puerta del cine “Paramount”, en Barranco, donde uno de estos quioscos te daba la bienvenida, ofreciendo el indispensable pop-corn, que acompañaba las seriales, en las mañanas de los domingos.

Salto a “La Laguna”, a su lagunita con botes, al ubicuo quiosco de pop-corn, al vendedor de barquillos, con su cilindro-contenedor, pintado con el rojo y blanco de los colores patrios, que guarda esas maravillas medio dulces, en forma de canuto, ligerísimas, que se deshacen en la boca y hay que comer con cuidado, porque se rompen en mil trozos de unas como escamas volátiles …

Estoy en el zoológico y un olor que yo imagino salvaje, me anuncia que ahí están los monos en sus jaulas grandazas, haciendo malabares o despulgando minuciosos a un compañero; está también el león, tal vez un par de otorongos, la fosa con la tortuga inmensa, vieja, adormilada, lenta –casi inmóvil-. Hay una jaula con serpientes y también están los gallinazos basureros, algún gavilán, y entumido, un cóndor en su percha, de seguro que añorando montañas …

Caminitos de tierra apisonada con barandas bajitas de palos forman senderos que lo conectan todo y aseguran un rato de inocente mirar, a esos animales que nos miran desde su cautiverio …

Recuerdo el restaurante “La Laguna”, también, que solo vi por fuera y un poco a lo lejos, porque era “para grandes” …

El olor del pop-corn en esa noche –diría madrugada- hizo que se pusiera en marcha mi máquina de recordar y apunté una “clave” para, no encenderla de nuevo, sino para poner primera y arrancar en un viaje fantástico …

Imagen: https://www.foroatletismo.com

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