¿ESTE ES EL PERÚ…?


Vean el reportaje.

Un desastre ecológico «sin responsables», un presidente «que «está «aprendiendo«, un congreso lleno de representantes de mafias del narcotráfico y de la educación superior de pésima calidad; de representantes de los «maestros» que no quieren que se los evalúe, de voceros de los mineros informales que deforestan y envenenan el medioambiente… Una lista inmensa que retrata al «país de desconcertadas gentes» a decir de Jorge Basadre y que es en realidad un país de inermes ciudadanos, incompetentes -cuando no delictivas- autoridades y como dice el vals: «fértiles tierras, cumbres nevadas, ríos, quebradas...» Me disculparán, pero también dice «risueñas playas«, lo cual hoy mismo no es cierto, porque avanza la mortal marea negra, que asesina aves, peces, plancton y afecta al ser humano…

EL CONTADOR


Por favor no me confundan con un contador, de esos para quienes los números son vida y profesión; una de esas personas que saben de “debe” y “haber”, de “impuesto a la renta” y “declaración anual”. Una de esas personas que solucionan los problemas numéricos para negados como yo.

No. Yo soy un contador de historias. Las que me invento y las que oigo, especialmente si me parecen interesantes de contar, aunque les confieso que no puedo juzgar lo mío propio, porque cuando “invento”, la fantasía me atrapa y no soy objetivo para nada, así que digo nomás… Cuando son historias escuchadas, trato de ser fiel a lo que oí y si acaso, agrego alguna cosita menor de mi propia cosecha…

Cuento historias escribiéndolas, porque la oralidad no se me da bien y a veces hablo tan rápido o enredado que no se me entiende –y traté de hacer “podcasts” o algún videíto para YouTube, pero francamente los resultados fueron desastrosos- así es que he preferido hacer lo que siempre hice, a lo que me dediqué durante cincuenta años en la publicidad: a inventar” o a “crear”, como quieran, pero escribiendo…

Confieso que siempre me atrajo la imagen de la tribu reunida por la noche, al calor de una fogata, escuchando las historias que alguien –generalmente un anciano- relata. Historias que pasarán de generación en generación, repitiéndose lo más fielmente posible, o con alteraciones mínimas, que no cambian para nada el sentido original y sí, tal vez embellezcan la narración.

Por lo que sé, repito, generalmente son los ancianos                –memoriosos viejos- los que narran historias, a no ser que estas vengan de un viajero o un aventurero cazador. Tal vez sea que las arrugas y el cabello blanco, la edad, en suma, inspiran respeto y se siente que el Tiempo está hablando, acompañado, como si fuera música de fondo, por el crepitar del fuego…

Entonces, ahora que tengo canas y arrugas, tomo mi sitio frente a la fogata y me dispongo a contar historias que son recuerdos y también invenciones… No me interesa que crean o no lo hagan. Basta con que me escuchen y siento agradecimiento porque me oyen, aunque en realidad, se dan el trabajo de leer mis historias, y es que, aunque yo no esté hablando, ni haya una fogata real para sentir su calor, escribo y aquí, dentro de mi corazón, hay un pequeño fuego y les invito a compartir su calor …

Imagen:  Ilustración por Beto Valenzuela.