LA INCERTIDUMBRE


Vivimos en un mundo que necesita de certezas para poder avanzar, porque si se ignora totalmente lo que viene, es necesario buscar los indicadores que nos brinden la dirección correcta. La seguridad que solo da la certeza.

Esto que pueden parecer simples palabras es lo que sucede desde siempre y de muy antiguo, el ser humano ha recurrido a diversas maneras y métodos para tratar de obtener respuestas que le permitan tomar decisiones y no equivocarse al hacerlo…

Desde los arúspices que “leían” el futuro en el vuelo de las aves o buscaban encontrar indicaciones sobre determinados temas en las entrañas de los animales, desde los “oráculos” que “interpretaban” la voz del dios y la transmitían hasta lo que hoy conocemos como “encuestas” y son la recopilación de respuestas a ciertos asuntos, ofrecidas por grupos determinados de población, el tiempo ha corrido y hoy nos fiamos en esto último para obtener certezas, descartar la incertidumbre y guiarnos por el camino correcto.

Esta generalización viene a cuento porque, cuando prácticamente todos se orienta con estos instrumentos, que si son bien aplicados son muy fiables, hay quienes –cuando les conviene- no creen en su validez y dicen que son un elemento de mentira y arma de ataque de los opositores. Pasa –lo vemos- con muchos políticos de diversas tendencias que proclaman “no creer en las encuestas”, sobre todo cuando estas les son adversas. Eso es francamente estúpido, porque si una encuesta está bien hecha y sus resultados coinciden –puntos más o menos- de modo ajustado con otras diferentes, lo que se está haciendo, es negar la realidad y no tomar en cuenta las señales.

Sucede lo mismo en publicidad, donde la investigación de mercado es fundamental para tomar decisiones y orientar lo que se haga en materia de comunicación. He escrito ya sobre esto y no quisiera abundar más, pero cuando veo a la publicidad que en algunos casos está absolutamente errada o desorientada, me doy cuenta que detrás falta la investigación y se está confiando en la “suerte” o en una percepción personal que no tiene que ver con la opinión del segmento de mercado al que se dirige…

Es verdad que la investigación tiene un costo que se traduce en dinero, tiempo y trabajo, pero ese costo es la inversión que se hace para tener certezas.

Confiar en el propio “olfato”, en la “suerte” y “en lo que percibo” es, lo repito, francamente estúpido…

Imagen: https://www.antoniopulido.es

Publicado en «mentemochilera.blogspot.com«

EL PASADO


Aquí, el pasado suena al roce del hábito de las monjas, a rosarios recitados en voz alta, huele a pan recién hecho, se asolea al medio día y deja que las horas pasen en lo que fue la ciudad y es ahora un recinto cerrado que guarda tras muros de sillar    -la piedra del volcán, la piedra blanca- calles, alguna plazoleta, una pila de agua y las paredes de las casas pequeñas con sus techos a dos aguas para dejar caer la lluvia cierta, coronados de tejas …

El pasado, ese que no se va, permaneciendo en los libros de historia, en los sueños, tras los muros inmensos y se asolea al medio día, calentándose, para huir del frío de las sombras …

Es tremendo, pero me parece que hoy, prefiero el pasado, el de la fotografía …

Imagen: Foto del interior del convento de Santa Catalina, Arequipa, Perú,

por Manolo Echegaray