EL MAGO


Con Alfonso, en Pucallpa.

Su cumpleaños fue ayer, pero hoy hubiera ido a darle un gran abrazo, felicitarlo y llevarle “algo”, un chiche, pero de esos que le gustaban a él que los coleccionaba, como el pedazo de pierna con pantalón y zapato –falsa, claro- que asomaba debajo de su escritorio, o el recipiente de vidrio redondo, que parecía un plato y al fondo tenía una moneda, que cuando la ibas a coger, era imposible, porque no había nada, aunque la moneda, “intocable”, seguía ahí. Chiches divertidos, trucos, que le encantaban para ver las reacciones de las personas, a él que era un mago y profesional del cine publicitario y mago (ilusionista), por afición …

Ayer, hubiera llamado por teléfono a mi amigo Alfonso, pero no pude hacerlo, así como no iré hoy a abrazarlo, porque el hombre bueno, el que me enseñó con el ejemplo y con sus consejos oportunos lo primero que supe de su especialidad profesional, se fue hace tiempo, dejando ese vacío que nunca se va a llenar, que reconocerlo con palabras suena y resulta tan poca cosa …

Sería muy largo y el espacio es corto, escribir sobre todo lo que Alfonso significó para la publicidad en sí, la introducción del video en la publicidad peruana, el desarrollo de una actividad que amó como es el cine –que fue la realización de su “magia” principal- y tantísimo más, como crear y dirigir la mayor productora peruana de cine, dedicada al cine y al video publicitarios, además de producciones audiovisuales de diversa índole, con unas instalaciones y facilidades verdaderamente asombrosas y ejemplares …

Recordarlo todo, me hace sentir que fui amigo de un hombre importante, talentoso y especialmente –lo repito porque es que lo fue- bueno. … En mi memoria están los incontables comerciales que yo escribí y él hizo reales. Los viajes que hicimos juntos para ir a filmar … Lo conocí allá por el 67, cuando ni me imaginaba trabajando en publicidad y me aventuré como “modelo”, ante la invitación, buscando actores, que hizo una empresa pionera llamada Telecine, al Teatro de la Universidad Católica, donde participaba, aunque no actuando, sino como sonidista, gracias a la invitación de un amigo … Ahí conocí a Alfonso, que era camarógrafo, con quien años después, cuando fundó su empresa cinematográfica, con Nicolás Smolij, quien fuera camarógrafo de Domingo Perón, yo, como redactor publicitario, trabajaría tanto …

Alfonso, te recuerdo siempre y de verdad, me haces mucha falta; todavía recuerdo tu voz en esa última llamada, cuando ya estabas enfermo, y me dijiste que lo que decía el padre Gámez –boliviano como él- (Alfonso era ex alumno del colegio de La Inmaculada, lo mismo que yo, pero con diez años de diferencia), era absolutamente cierto y que cuando nos fuéramos, todo iba a ser distinto, mucho mejor …

Al siguiente día, Alfonso, te fuiste al lugar mejor y distinto.

Imagen: Con Alfonso, en Pucallpa.