HACE FRÍO


Ahora, por ejemplo, hace un frío tremendo; desde hace algún tiempo, lo siento cada vez más …

Es curioso, pero parece que yo fuera de puros huesos y que el frío los traspasara, como lo haría a través de un tul, sin encontrar ninguna resistencia …

Solo hay un recuerdo vago de la oscuridad, de voces que se iban apagando, hasta que se hizo el silencio…  Después, no hubo nada …

Hasta que este frío extraño, me hizo despertar, pero no puedo abrir los ojos; la oscuridad, aún más negra, si cabe, es como un envoltorio …

Tal vez morirse sea eso: frío, oscuridad y no poder abrir los ojos …

Imagen: https://www.josebernad.com

Publicado en «masticadoresvenezuelacolombia.wordpress.com«

TE EXTRAÑO, TETÉ…


Hoy que es doce de noviembre, si puede decirse, te extraño más. Siento que estás a mi lado y que reímos juntos: tú, con esa risa contagiosa que tenías y yo, divertido como siempre que estaba contigo … Recuerdo que te escuchaba por el teléfono, que nos sirvió de puente entre tu Arequipa querida, donde te fuiste a vivir, recién casada, el mismo año que yo entré al colegio, dejándome con la tristeza de tu ausencia. La ausencia –lo repito- de tu risa y la de esas inolvidables tardes en las que íbamos juntos, tú con un libro y yo con mi triciclo azul, de madera, al Parque Municipal de Barranco, cerca de la casa de la calle Ayacucho, que curiosamente se llamaba “Villa Teresa” y tenía el nombre, en el frontis, con letras de estuco, en relieve, justo bajo las dos ventanas de tu cuarto (que yo, orgullosamente, “heredé” cuando te fuiste…).

Los recuerdos, como digo siempre, hermana querida, se me agolpan y a veces en la atropellada multitud de imágenes, pierdo el hilo de lo que –en este caso- estaba escribiendo…

Contaba que nos unía el teléfono, y fue especialmente, cuando hablábamos largo cada domingo por las mañanas, porque yo ya no podía viajar para verte y disfrutar de esa complicidad que los años solamente acrecentaron …

Perdóname en desorden, pero es que entre las fotos que he estado viendo, la música que escucho mientras escribo –es Doris Day, ¿recuerdas ese disco LP de funda medio verde, con la foto de ella, el blanco y negro, sonriendo, que tenías y oíamos juntos en la salita…?- se unen la hermana mayor -casi una segunda mamá- la amiga, la cómplice complaciente de mis travesuras infantiles, la mujer inteligente; la casi maniática de los “patines”, que eran esos pedazos de fieltro, los que estaban para que todo el que anduviera por tu casa “sacara brillo” a unos pisos que brillaban siempre; la madre divertida, la abuela cariñosa (“mi Teté”  para Andrés, tu nieto); la profesora universitaria, a quien sus alumnos adoraban, la asistenta social, la luchadora, la que … ¡Te extraño, hermana!

Ahora que ya no podemos hablarnos, yo te escucho, sin embargo, y sé que estás bien, feliz, con el querido Jorge, con nuestros hermanos Panchín y Lucho, con nuestros papás y con todas las tías y los tíos, celebrando tu cumpleaños … Yo también estoy allí, aunque no me veas …  Estoy pensándote, queriéndote como siempre y –perdóname- llorando un poquito, escondido, porque te quiero, si puede decirse, hoy más que nunca, que es el día de tu cumpleaños …

Manolo.

Teté y yo, en la casa de Ayacucho 263, Barranco.