MANDARSE MUDAR


Lo echaban de todos lados, quizás por su aspecto esmirriado, porque ni protestaba cuando lo botaban o por esa resignación que produce un hecho repetido tantas veces.

No se daba cuenta que producía repulsión, furia, que en el fondo era miedo. Nada parecía importarle; volvía una y otra vez, insistentemente terco…

En realidad, no entendería nunca por qué no había nadie en casa…

“¡Muerto de hambre!”, decían… “¡Flaco, sarnoso y mugriento!”, decían … “¡Maldito perro!”, decían …

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.