MANDARSE MUDAR


Lo echaban de todos lados, quizás por su aspecto esmirriado, porque ni protestaba cuando lo botaban o por esa resignación que produce un hecho repetido tantas veces.

No se daba cuenta que producía repulsión, furia, que en el fondo era miedo. Nada parecía importarle; volvía una y otra vez, insistentemente terco…

En realidad, no entendería nunca por qué no había nadie en casa…

“¡Muerto de hambre!”, decían… “¡Flaco, sarnoso y mugriento!”, decían … “¡Maldito perro!”, decían …

Imagen: https://mx.depositphotos.com

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NO TODO ES UNA ANÉCDOTA


La publicidad, contada por alguien que la ha ejercido, en el área creativa, por ejemplo, suele ser una sucesión de anécdotas, especialmente cuando se trata de contarla a otros…

Entonces, la vida se parece convertirse en anecdótica y no reviste importancia, pero sin restarle ningún valor a las anécdotas, la vida del publicitario es muchísimo más que momentos recordados y que se ensartan como cuentas en un collar o tal vez en un rosario…

La vida, para quien, como es mi caso, ha transitado por el camino de la publicidad por medio siglo, ha sido un constante desafío, un tratar de adelantarse, convirtiéndolo casi todo en algo “para ayer” y sentir que las manecillas del reloj empujan y el calendario es un vertiginoso enjambre de días que se suceden sin piedad …

Resulta que todo empieza con una inocente “orden de trabajo”, que esconde dentro algo desconocido, pero “urgente” y que es seguida detrás por otras, que deben ser millares, porque se pierden de vista en la lejanía del futuro …

Sí, la “orden de trabajo” va marcando la vida profesional y convierte a los días en enjambre y enloquece a los relojes, cuyas manecillas y números se convierten en inimaginadas pesadillas …

Puede parecer un asunto banal, visto desde fuera, pero la “orden de trabajo” da inicio a esa carrera que supone el acopio de conocimientos sobre temas variados y a veces abstrusos, decisiones de cómo comunicar algo a personas distintas y lograr que éstas, no solamente entiendan el mensaje, sino que se sientan impulsadas a la acción positiva; en dos palabras, a usar o a comprar, porque, perdonen, la publicidad, de cara al público, no puede ser meramente informativa. Ha de producir resultados y estos deben poder medirse.

La “orden de trabajo” es el pistoletazo de salida para una carrera y sonarán muchos pistoletazos, uno tras otro o varios a la vez y el corredor tendrá que estar en forma e ingeniárselas, porque participa en todas y no puede perder una, sino ganarlas siempre …

A veces me pregunto cómo se “aguanta” tanta presión y me digo que es por la alimentación y también por la recompensa, porque uno engulle conocimientos que van satisfaciendo el hambre, la necesidad de saber y al final, la victoria alcanzada, el éxito, premian al corredor, aunque falten muchas carreras más que hay que correr y, por supuesto, hay que irlas ganando todas.

Aumentar el saber y sentir la palmadita en la espalda que nos da la victoria esos han sido, lo confieso, mi motor y “secreto”…

Imagen: https://significado.com

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LOS MUCHACHOS DE BARRANCO


Hoy es 12 de octubre y es el cumpleaños de mi amigo Lucho;

nuestra amistad empezó a comienzos de la década del 50, el siglo pasado, lo que suena antiguo y lejano visto así, pero en el corazón parece que hubiese sido ayer …

El título de este post viene a cuento, porque desde entonces hemos sido y somos, cuatro amigos barranquinos, compañeros de colegio, de clase, de juegos, de aventuras y seguramente de alguna desventura: Lucho, Carlos, Germán y Manolo (o sea yo). Cuatro, como los Tres Mosqueteros …

Lucho se nos adelanta en cumplir años por unos meses, luego viene Carlos, le sigo yo y el “menorcito” es Germán, aclarando que Lucho y Carlos son “del año anterior”, porque yo soy de abril y Germán de mayo…

La “máquina de recordar”, me trajo a la memoria hace unos días, la música y letra de un valsecito criollo, que cantábamos, Lucho (él siempre con su guitarra) y yo en nuestra incipiente adolescencia… Hay que aclarar que el vals “original”, lo cantaban nuestros hermanos mayores (Paco, Manolo y Pancho), de los cuales “heredamos” el “Club Unión Deportivo Barranco”, que “funcionaba” en el garaje de mi casa, de la calle Ayacucho y que como deportivamente éramos bastante malos, “ampliamos” la cobertura del club e incorporamos a “no-barranquinos”, compañeros de clase deportistas, que jugaban fulbito y que permitirían darle razón a lo deportivo, en el nombre de la institución, denominación que cambiamos ligeramente, llamándonos desde entonces “Club Deportivo Unión”…

Para no alargar más esta pequeña historia, la letra del vals me aventuré entonces a cambiarla un poco, para que fuéramos los cuatro amigos los protagonistas, en lugar de los hermanos de Lucho, mi hermano y sus amigos los dos Felipes, (a quienes les decían a uno “el Seven” y al otro, “Calvino”) …

Aquí estamos

los muchachos

de Barranco,

Lucho, el “Chino”,

Carlos Moisés y Manolo,

conversando de las “gilas” animados,

no importa si es que es blanca

o morenita…

(bis las dos últimas líneas).

¡Ahora con punta y talón,

muchachos del Barranco ideal,

que me disloco por verlos bailar

este precioso vals…

(bis la estrofa)

“Chino” dice que no hay como su Elenita,

Carlos parla sin cesar de Josefina,

(una voz: ¡Napoleón!),

don Manolo habla hoy de una alemana,

Lucho no habla,

Lo mandaron a la cama…

Ahora con punta y talón,

Muchachos del Barranco ideal,

Que me disloco por verlos bailar

Este precioso vals…

(una voz: ¡Sí señor!)

¡Ahora con punta y talón,

Muchachos del Barranco ideal

Que me disloco por verlos bailar

este precioso vals…!

La música la tengo en la memoria y Lucho, seguro, la podrá cantar acompañado –repito- como siempre, por su guitarra…

Este pequeño post, con memorias y música, es mi regalo cumpleañero para Lucho, teniendo pendiente un gran abrazo “post-Covid” y una charla larguísima.  ¡Sapo verde tu yú!

Imagen: Lucho y Manolo, hace años