METEJÓN, EL TEJÓN


Nunca se supo si era por curiosidad, pero se metía por todas partes, escarbaba, hacía túneles y parecía querer explorarlo absolutamente todo; estaba orgulloso de su pelo fino y suave, de su agilidad y ese garbo medio sinuoso que tenía al andar cuando caminaba a la luz del sol…

Pisaba siempre sobre las huellas que iba dejando, preciso y elegante; no era muy disticoso para comer y aunque carnívoro, no les hacía ascos a los vegetales ni tampoco a los insectos que iba encontrando en su escarbar…

Quién diría que tiempo después, el pelo de Metejón, el tejón serviría magníficamente para que Ramiro, pintara maravillosos cuadros y fuera declarado “El Pintor de la Ciudad” …

Claro, Metejón nunca lo supo, porque los muertos no saben nada…

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