EL SEGUIDOR


Era su profesión.

Se dedicaba a seguir por encargo, a todo tipo de personas. No era policía ni detective…

Ubicaba al encargo, lo seguía durante el tiempo que estipulara el contrato y daba cuenta diariamente al contratante de las novedades. Si encontraba algo extraño o inusual en el comportamiento del seguido, por teléfono, notificaba de inmediato al contratante, que era su “cliente”.

Mantenía el sigilo necesario para su accionar y nunca se dejaba ver por los seguidos. En el contrato estipulaba que no haría otra cosa que rseguir a la persona indicada, sin tomar ninguna acción hacia ella, ni buena, ni mala.

Era invisible a voluntad y en sus tarjetas decía, “CONCIENCIA. Seguimientos a ídem.” …

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