INSECTO


Empezó como un escozor, se rascó la frente sin notar nada sino la picazón; como seguía, fue al baño y se miró en el espejo que estaba sobre el lavabo, el del botiquín, donde su madre guardaba alcohol, algodón, curitas y pomos con pastillas.

La frente estaba enrojecida y la comezón seguía, como fuerte, por lo que buscó a su mamá, para que lo viera y ella le dijo que no se rascara, que eso era un grano y que tenía que “madurar”; fue hasta el baño y volvió con un tubo, de él sacó un gel transparente y se lo frotó suavemente, sobre lo que ya era una pequeña protuberancia rojiza…

Comieron y fue para acostarse. No se lavó los dientes porque no quería mirarse en el espejo… La picazón seguía, un poquito menos que antes del gel, pero ahí estaba, fastidiando. Se quedó dormido y soñó, curiosamente, con un unicornio, que corría por el campo, haciendo cabriolas…

Ase despertó y de pronto sintió que tenía “algo” en la frente. Despacio y silencioso, fue hasta el baño, para mirarse en el espejo. Lo que vio lo asustó, porque del centro de su frente salía como un alambre, terminado en una bolita, todo de color negro, que oscilaba si se movía…

No le gustó nada, porque él hubiera querido que fuera un cuerno, como el que tenía el unicornio de su sueño y era una vulgar antena… ¡Parecía un insecto, pero le faltaba una…!

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