CINTITA CON LAZO


El perro era pequeño, ladraba todo el tiempo y era un verdadero incordio. Si no hubiese sido perro, podría decirse que era “una pulga en la oreja” …

Quien menos lo aguantaba era Victoria, la empleada-todo- servicio, que trataba de espantarlo, pero lo único que conseguía es que ladrara más, con ese ladrido agudo y taladrante…

Un día, no pudo más y manifestó que se iría a su tierra, usando sus vacaciones nunca tomadas. En realidad, quería irse, desaparecer, no volver nunca más a ver a la mota perfumada esa que tenían por perro y que hasta cintita con lazo usaba…

Llegó el día de su partida, preparó el almuerzo y para ella hizo dos sándwiches de queso. Sirvió su “último plato”, un guiso que fue muy alabado y le dijeron que no se preocupara por lavar los platos… ¡Faltaba más! Lavó los platos, vasos, cubiertos, secó y dejó todo ordenadito…

Fue a su cuarto, cogió la maleta que había preparado con sus cosas y fue hasta la sala para despedirse. Solo estaba el niño Julián; se abrazaron y él lloró un poquito. Ella le dio un beso en la frente y salió, cerrando la puerta despacio…

En la cocina, en el basurero, estaba la cintita con lazo que lucía lo que la familia había almorzado ese día…

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