ENCLENQUE


Era flacuchento, debilucho, poquita cosa…

Desde que nació parecía un remedo en miniatura de persona, se movía despacio y su llorar era apenas un sonido imperceptible, que se notaba en pequeñas sacudidas y un abrir y cerrar de las manos, como si quisiera algo…

Así creció, esmirriado y aparentando siempre menos edad que la que tenía. Se hizo hombre y no se sabe bien si por habilidad propia o porque daba pena e inspiraba lástima, llegó a gobernar el país.

Al parecer, esa fue la venganza contra su apariencia apocada. De talante absolutamente autoritario, hace veinte años que ejerce el poder y a los ciudadanos les apena que un hombre tan desvalido deje de ser presidente.

Él, en secreto, tose, se agarra el pecho y ríe.

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