LA TIERRA DEL TERROR


No había dónde esconderse.

El fuego caía del cielo y lo abrasaba todo, no dejando sino humo y tierra arrasada e hirviente…

Era como si el infierno se hubiera trasladado desde abajo hacia arriba y hubiera abierto sus puertas, para dejar llover llamas…

Entonces ya no importó nada más, porque las dos ciudades ya no eran ni estaban. Nadie lloró, porque no había nadie y si hubiera habido alguna lágrima, se habría evaporado de inmediato.

En el sitio solo quedó una estatua, blanca, con rostro de terror.

Imagen: https://wol.jw.org/es

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