EL VIAJE


Le dio por despedirse.

Organizó comidas, invitó a los amigos y a sus parientes, aún a los más lejanos, escribió cartas e inclusive consiguió que un diario le publicara un artículo donde decía adiós de una manera un algo rimbombante y un poquitín ridícula en verdad, porque si bien era un personaje conocido en su círculo, fuera de él era un “NN” …

Incluso consiguió que un amigo que tocaba la guitarra, le pusiera música de bolero a un poemita que había escrito y que se titulaba “Me voy y me despido”; el amigo consintió en grabarlo y con unos ahorros, él produjo un disco compacto, para obsequiarlo en las reuniones que había programado…

Se sentía eufórico con las actividades y en realidad, no tenía planeado irse a ninguna parte. “Solamente es un experimento”, se decía, “para ver si me preguntan, y si me van a extrañar” y a quienes le preguntaban a dónde se iba y por cuanto tiempo, les respondía con evasivas y generalidades como “Es que ya va siendo tiempo…” o “Estoy decidiendo el sitio, para dar los pasos correspondientes…”, también decía “No es fácil alejarse, pero resulta necesario…”

Pero no se iba y seguía yendo por las tarde-noches a tomarse un café y mirar pasar a la gente desde la ventana de un lugar, donde, si por casualidad se encontraba con alguien conocido, que había estado en una de sus cenas, le comentaba que era inminente su partida y solamente cuestión de algunos trámites finales…

En realidad, nunca se fue de la ciudad, ni viajó a ningún lado, pero fue al registro civil y solicitó que le cambiaran de nombre, así, si le reconocían en la calle diciéndole “¡Florencio…! ¿No viajaste…?”, él ponía cara de sorprendido y meneando la cabeza musitaba “Debe haberse confundido de persona, yo me llamo Eustaquio…” y sonreía levemente, dejando a otro desconcertado.

En realidad”, decía para sí mismo, “viajé de Florencio a Eustaquio y eso no es poca cosa…”

Imagen: http://www.gifsanimados.org