LUZ


Desde hacía un tiempo, todo parecía salirle mal: Le habían recetado anteojos, su esposa se había ido con otro, el trabajo le aburría, el carro se le plantó y no podía usarlo, porque no tenía plata para pagar al mecánico…

Nada funcionaba, nada le daba una esperanza por pequeña que fuera; sentía que iba rodando por una pendiente y que agarraba velocidad conforme caía…

Una mañana, al despertarse, entró al baño y se miró al espejo: la barba crecida, despeinado y con los ojos entrecerrados por la mala noche, producto de una pesadilla…

Entonces, de pronto, se hizo como un rayo de luz en su cerebro, abrió los ojos y se tocó la cara, rijosa por la barba sin afeitar… Sonrió y la sonrisa terminó en una carcajada: ¡Estaba vivo! Y eso, pensó, era lo mejor que le podía suceder.

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