IN ARTICULO MORTIS, MORITORI TE SALUTANT


Digamos que tenía un carácter algo fúnebre, porque todo lo veía desastroso, negativo, de muerte…

Se vestía con terno negro, llevaba corbata, siempre negra, las medias y hasta el calzoncillo eran negros; su única concesión era la camisa blanca, de puños para gemelos o mancuernas, que eran de plata, con una piedra negra como adorno…

Hasta su maletín era negro y para remate, era dueño der una empresa de pompas fúnebres…: Un enterrador en suma y a toda madre; hablaba bajito, era circunspecto, se peinaba con raya al medio y casi diríamos que usaba formol, como agua de colonia…

Por si las moscas (muertas, claro), había hecho su testamento, el que actualizaba con regularidad, porque el negocio iba bien (“Para mi mala suerte”, decía) y su patrimonio engordaba, traducido en casitas que iba comprando…; entiéndase bien, eran “casitas definitivas”, o sea nichos, que –si era el caso- ofrecía como parte del paquete mortuorio, a los deudos del difunto (a), si es que los veía medio ansiosos, además de tristes…

El heredero de todo, era su gato, negro por supuesto, llamado “Caronte” para que hiciera juego con su talante, engreído, compañero de sus ratos de lectura y guardián de su cuaderno de recortes con avisos funerarios interesantes, importantes, extraños o con faltas de ortografía. Uno de sus preferidos era el de una tal “Josefina Jo de Lo”, de origen chino, seguramente…

Pancracio Elcolobarrutia iba por la vida, siendo perfectamente consciente de la muerte y siéndolo, actuaba en consecuencia: su trabajo, sus ganancias y todo lo que hacía, tenía que ver con la muerte. Una sola cosa le desagradaba: no hacía pila ni caca negras, como hubiese querido, para redondear la cosa. Decía: “¡Nada es perfecto…!” y suspiraba acariciando a “Caronte” …

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