PATROCLO


Tenía un nombre ilustre, mítico, bien culto, pero que nada tenía que ver con su apellido; su padre, un profesor de historia, le puso así a su único hijo, pensando, seguramente “¡Serás único, hijo mío…!”, no solo porque a su edad era una suerte que su esposa, también mayor, quedara embarazada, sino porque Patroclo, en griego antiguo, significaba “La gloria del padre” …

A Patroclo le decían “Clito”, por “Patroclito”, porque llamar Patroclo a un niño de un año, sonaba raro, desmesurado, ridículo, poco adecuado, en suma.

Clito” lo fue hasta en el colegio, cuando creció y a ninguno de sus compañeros le extrañó el nombre, hasta que uno –de esos curiosos que nunca faltan- averiguó el nombre que “realmente” tenía su compañero de aula y se puso a repetir una y otra vez, bailándole alrededor y riendo, “Patroclo, pelo ‘e choclo”, en referencia a su cabello rubión amarillento y por supuesto, a su patronímico.

Patroclo fue “Patroclito”, a renglón seguido “Clito” y finalmente quedó como “Pelo ‘e choclo” … Por lo menos así lo recuerdan sus amigos casi desde siempre.

Imagen: montessorihomero.blogspot.com