ENGAÑAMUCHACHOS


Publicado en el blog “MENTE MOCHILERA”

Recuerdo muy bien la tira cómica “Mafalda” del genial Quino, en el que Felipe, el amigo ingenuo de la protagonista, está delante de ella, con las manos atrás, diciéndole algo así como “¿Viste ese anuncio que te ofrece esa maravilla grandiosa, inmensa, eso nunca visto antes…? ¿Eso que siempre deseaste tener…?” Y Mafalda, entre curiosa y animada dice: “¡! ¡!”, para que Felipe le muestre lo que tiene escondido detrás y que es una pequeñez, una cosita mínima, diciendo “¡Pavada de maravilla la que te venden…!”.

El texto no es exacto, porque no me baso más que en mi recuerdo, pero siendo publicista, me impresionó mucho. ES ESE TIPO DE HUMOR QUE TE HACE PENSAR…

Esta pieza gráfica, este cómic, encierra una gran verdad, que por supuesto, no es extensible a TODA la publicidad, pero da cuenta de un pensamiento muy común acerca de ella y que es alimentado, desgraciadamente, por eso que es la mentira o la media verdad de la que algunos productos o servicios, se valen para engatusar o, digámoslo claramente, estafar a incautos consumidores…

Muchas veces, la exageración publicitaria, traspasa esa fina línea que divide a lo cierto de lo falso, por su afán “engrandecedor”, que no hace otra cosa que engañar a un público que cree en lo que se le está diciendo y ofreciendo, porque, de entrada, no tendría razón para dudar…

La publicidad se basa y debe basarse en LA VERDAD y negarse rotundamente a ser mentirosa o ambigua. No se trata de resaltar los defectos, que todo servicio o producto tiene, pero tampoco de escamotear la realidad, ocultándolos deliberadamente…


La mala fama que tiene a veces la publicidad –demasiadas, diría yo- tiene su origen en esas acciones que pecan de escamoteadoras de la realidad y son esencialmente dolosas. “Vender gato por liebre”, no es publicidad. Eso es un delito y punto.

Imagenholatelcel.com

LA MUÑECA PARLANTE


De niña tuvo una muñeca parlante, que decía “Mamá”, “Teta”, “Te quiero”, “Tengo sueño” … Funcionaba con una pila chiquitita y que estuvo en su cuarto desde que se la regalaron…

La niña creció y la muñeca seguía ahí, en su lugar, que era una repisa, donde la acompañaban peluches varios y por supuesto el polvo…

Un día, la madre insistió más que nunca en la limpieza y sacó todo lo que había en la repisa, metiendo en una bolsa de basura los viejos peluches, pero escobilló, movida por un no sé qué a la muñeca, quitándole el polvo que se había ido depositando en su vestidito de percal celeste y en el cabello que mantenía sus rizos…

La muñeca estaba lógicamente muda, porque o no tenía pila o esta se había gastado hacía mucho tiempo y el olvido hizo que no se repusiera. La niña que fue, ya no jugaba a las muñecas y esa era solamente una especie de adorno. Un recordatorio inocente de la infancia …

Curiosa y para terminar la tarea que, sin saberlo, era recobrar el tiempo ido, la madre sacó de uno de los cajones de la cómoda de su habitación, una pila chiquita, que estaba entre chucherías varias, en la cajita de lata que una vez contuvo caramelos …

Desabotonó la parte de atrás del vestido de la muñeca y encontró el sitio para la pila, que, al abrirlo, mostró estar vacío; colocó con cuidado la pila y ajustó la tapa, abotonando después el vestido.

Oprimió el pecho de la muñeca y la voz infantil habló seguido: “Mamá”, “Teta”, “No te quiero”, para a continuación decir: “Ya era hora”, “¿Por qué te demoraste?”, “¿Quién te crees que eres?” y una retahíla de groserías que solo acabaron cuando nerviosa e incrédula, abrió el vestido, arrancando los botones y le quitó la pila a la muñeca.

La metió en la bolsa que tenía los peluches desechados y la amarró bien fuerte antes de echarla al tacho de basura. Después, tiró también la pilita…

Imagen: es.123rf.com