PATROCLO


Tenía un nombre ilustre, mítico, bien culto, pero que nada tenía que ver con su apellido; su padre, un profesor de historia, le puso así a su único hijo, pensando, seguramente “¡Serás único, hijo mío…!”, no solo porque a su edad era una suerte que su esposa, también mayor, quedara embarazada, sino porque Patroclo, en griego antiguo, significaba “La gloria del padre” …

A Patroclo le decían “Clito”, por “Patroclito”, porque llamar Patroclo a un niño de un año, sonaba raro, desmesurado, ridículo, poco adecuado, en suma.

Clito” lo fue hasta en el colegio, cuando creció y a ninguno de sus compañeros le extrañó el nombre, hasta que uno –de esos curiosos que nunca faltan- averiguó el nombre que “realmente” tenía su compañero de aula y se puso a repetir una y otra vez, bailándole alrededor y riendo, “Patroclo, pelo ‘e choclo”, en referencia a su cabello rubión amarillento y por supuesto, a su patronímico.

Patroclo fue “Patroclito”, a renglón seguido “Clito” y finalmente quedó como “Pelo ‘e choclo” … Por lo menos así lo recuerdan sus amigos casi desde siempre.

Imagen: montessorihomero.blogspot.com

TENGO UN SOBRINO…


Hace mucho tiempo, trabajando en mi propia agencia de publicidad, un cliente me preguntó cuánto le costaría que hiciéramos un logotipo y al comunicarle el precio, me dijo: ¡Tanto…!  Yo tengo un sobrino que dibuja muy bien y él no me cobraría eso, incluso, me lo haría gratis…”; mi respuesta fue inmediata y le respondí: “¿Por qué no le da el trabajo a él?” …

Tal vez esa respuesta fue la que hizo que poco después, perdiéramos la cuenta. El cliente se fue con su producto y su “música” a otra parte…

Ahora, que rememoro este hecho, me río y pienso en que muchas veces, quienes creen tener “la sartén por el mango”, se queman con el aceite hirviente; de pronto, mi respuesta no fue lo más “polite” del mundo y hubiera sido mejor si le ofrecía trabajo a su sobrino dibujante y de paso “amarraba” la relación con el cliente, pero me salió del alma lo que dije, porque siempre pienso que cuando te dicen una tontería, no te puedes quedar callado, ni ser diplomático y menos en una relación que se considera profesional …

Me parece errado ese concepto que pregona que “el cliente SIEMPRE tiene la razón”, porque retrata una situación de sumisión entre quien presta el servicio (o vende) y quien lo recibe (o compra), que me parece inaceptable. Debería ser una situación de igualdad, de intercambio, en el que una parte ofrece y da y la otra recibe y acepta o no lo hace y si esto último sucede, tendría que exponer sus razones para la negativa. Esto es un poco utópico, porque la “razón” mayormente invocada es el “gusto”: “No me gusta”.

No me gusta” y punto, porque “yo soy el cliente” (alguna vez me lo dijeron así…); es precisamente, dicho así o más o menos parecido, la “razón de la fuerza”, la que denota que la relación cliente-agencia, es asimétrica, con el lado ancho del embudo, ya sabemos para quién…

No se trata de creerse un genio, pero respetos guardan respetos y como le dije a un cliente un día: “Yo hago publicidad y tú golosinas, ¿qué te parece si tú haces publicidad y yo golosinas…”

Imagen: alamy.es

PUBLICADO EN mentemochilera.blogspot.com

HOY, MARTES 29.6.2021.

LAS DESCARNADAS


Eran tres, eran amigas y eran bastante mayores…

Además de que siempre andaban juntas, las unía su amor por el chisme, la murmuración y ese hablar entre ellas en voz baja, para señalar errores o conductas ajenas. Solían ser despiadadas en sus comentarios, considerándose una especie de Catón en versión triple, femenina y actual…

El apodo se lo pusieron en el barrio, porque eran flacas, muy flacas, pero también porque no le hacían ascos a difundir su opinión venenosa.

Imagen: Cuentos de barraganas, invertidos y libertinas. Facebook

DESCARTES


Se llamaba Pedro, pero en el trabajo le decían Descartes y él aceptaba el mote, pero no sabía por qué se lo decían, ni le interesaba, aunque al principio le pareció raro…

Un día se le ocurrió averiguar y descubrió que había habido un Descartes, que fue filósofo y matemático de renombre hacía mucho tiempo, allá por las Europas…

Desde entonces se sentía halagado cuando lo llamaban así y cuando alguien le decía “Pedro”, el agregaba “Descartes” y sonreía orgulloso…

Llévate eso…”, le pedían donde trabajaba, que era una imprenta, para que recogiera los papeles y recortes que iban acumulándose, o sea, concretamente, los descartes.

Imagen: filosofiauny.blogspot.com

MELODÍA INMORTAL


Es el título de una película con Tyrone Power y Kim Novak, que de pronto me viene a la mente y me veo, de unos nueve o diez años, en el cine “Zenith” de Barranco – el que tenía las localidades de “lateral”, “platea” y “galería”-, sentado con mi madre, listos para ver esa película, que trata sobre la vida del pianista Eddie Duchin…

Paso las páginas mentales de un álbum de fotografías, mientras escucho interpretar al piano melodías de Beethoven, Chopin, Mozart y varios cásicos más y allí está Tony, mi madre, tocando concentrada el piano en el gran salón de la vieja casa de la calle Santo Domingo, en Arequipa…

Mi madre que aprendió a tocar el piano y no la guitarra, como alguna vez me lo dijera, con pesar, porque con la vida casi de trashumante que llevó, acompañando a mi padre, ingeniero de caminos, viajando por los más disímiles pueblos y ciudades del Perú, no podía llevar con ella algo tan voluminoso como un piano; quizás por eso, su instrumento era el tarareo y escuchaba tanta música, música que me enseñó a gustar desde pequeño…

Escribo esto, sabiendo que ya lo conté antes, pero tuve ganas de compartirlo nuevamente, porque la música del piano hizo que las páginas de mi álbum de fotografías mental, fueran pasando despacito y reviviera esos instantes que forman parte del tejido de mi vida y que fueron posibles, como yo mismo, por Tony; también y muy principalmente, porque un día como hoy era su cumpleaños. Nació el 26 de junio de 1911…

Ella puso en esta vida mía: La música de su sonrisa, la de su tararear, la de sus ojos marrón claro -en los que como lo dije en algún otro lugar, en su color, conocí a mi abuelo Francisco-, ella puso la música que escuchábamos juntos y que cuando yo le decía, medio aburrido, “No entiendo, mamy…”, ella sonreía para responderme que la música había que sentirla…

Por eso el título de este post… Es que la música, que me recuerda a mi madre, es inmortal, como quisiera que fuera su recuerdo mismo, aunque un día terminen para mí las notas musicales del concierto…

Imagen: freepik