OJO CON EL CLIENTE SI ES TU PARIENTE


Una regla básica para todo creativo publicitario, es “no involucrarse”, es decir, no ser parcial, porque a veces se piensa que uno tiene que “estar del lado del cliente”, para poder hacer mejor las cosas, conocerlo a fondo a él y al producto….

Es verdad que uno debe saberlo todo sobre el producto, pero también ha de saberlo sobre el mercado de este y el público al cual se dirige, además del mercado en general y sus diversos públicos…

Cuando digo “no involucrarse”, me refiero a que el creativo publicitario debe tener cuidado para que sus gustos personales o a veces sus también lazos personales no interfieran en su trabajo, porque he visto, por desgracia, a personajes que por cercanía familiar y un equivocado “tomar partido”, no tienen la rigurosidad que deberían y se convierten en un parcial más, que no discierne correctamente…

La creatividad publicitaria necesita del involucramiento y la distancia. Resulta curioso, pero estas dos condiciones han de darse, si se quiere conseguir un producto creativo equilibrado y efectivo.

A veces es preferible, si se llegara a dar el caso de una relación familiar, encargar el trabajo creativo a quien esté “alejado” del producto y su entorno, aunque sin dejar por eso la supervisión, porque como dice el refrán “El ojo del amo engorda al caballo”.

Publicado en el blog “MENTE MOCHILERA”, 4.5,2021.

EL ORDEN DE LAS COSAS


Le gustaba el orden.

Era un verdadero fanático de ordenarlo todo: Por tamaño, por fecha, por letra inicial, por número, por color, por sonido, por textura, hasta por sabor en la comida y olor en los perfumes y colonias.

Tenía ordenados sus papeles y seguía un orden estricto: acostarse, dormir, despertar, levantarse, tomar un café, lavarse los dientes, darse una ducha y así, ordenadamente, seguir con cada actividad en el día. Hasta tenía entrenados su estómago y la vejiga, para ir al baño siempre a la misma hora.

Ordenadamente, pagó todo lo que tenía que pagar, hizo su testamento dejando todo lo que tenía a su gato, escribió un correo electrónico a sus cinco amigos y para seguir el orden, se pegó un tiro y se mató, no sin días antes haber separado nicho en el cementerio y ordenado su entierro.

Solo le faltó que hubiera café para los que fueran a su velorio.

Imagen: http://www.renataroa.com