PRINCIPESSA


Vivía en un libro grandote, de tapas duras, ilustrado por su imaginación.

Era un hermoso cuento para niños, con hadas, un príncipe y paisajes verdes donde flores y mariposas ponían los colores, rivalizando con el azul de un cielo de verano, sin nubes que lo motearan molestosas…

Gozaba con las líneas que leía –también con su imaginación- y se quedaba pensando en cada pasaje, donde la esperanza se vestía de destino y los futuros se enhebraban como perlas en un collar antiguo…

Vivir así le hacía sonreír y estar contenta, con esa felicidad sencilla que brota de la fantasía…

No había llegado hasta la parte del ogro comegente, que le tenía hambre al príncipe y envidia, pues quería que ella fuera u ogresa y no una principessa…

Cuando llegar, vería que todo era una telenovela mexicana y que se llamaba “El amor tiene rostro de mujer”. O sea que el Destino, ése con mayúscula, y no un destinillo cualquiera, le había visto la cara…

Imagen: cuentosyrecetas.com