DE MANERA LITERAL


Le decían “La insoportable levedad del ser”.

Era un apodo literario, filosófico, leído y enterado; un apodo para conocedores, para un pequeño grupo de amigos, como suelen empezar los apodos, que después se generalizan y terminan reemplazando al nombre real.

Era flaco y francamente odioso; a todo le encontraba problemas y se sentía superior a los demás porque leía mucho, aunque sus lecturas no parecían agregarle nada, sino la vanidad de ser un súper lector…

Leía de todo, sin aficionarse por ningún género. Leía por leer, como si estuviera en una competencia, pero no retenía nada de lo leído. En su cabeza se mezclaban los títulos, los autores y uno que otro pequeño párrafo o frase, pero lo confundía todo.

Poco a poco perdió amigos, se volvió más flaco e intolerable.

Terminó en un sanatorio, el día que, desaparecido por un tiempo, uno de los amigos que le quedaban, fue a buscarlo y descubrió que su “dieta” eran los libros: Se los estaba comiendo, literalmente hablando.

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