COCO


No se me ocurre, amigo mío querido, otra manera para empezar esta nota, que llamarte como siempre lo hice y estoy seguro lo han hecho todos.  Jorge Chiarella Krüger, resulta muy formal para quien te tuvo y te tiene cariño.

Sé que me estás escuchando, ya que siempre estuve seguro que leías los pensamientos, porque que te adelantabas a lo que uno iba a decir…

Quiero agradecerte, porque al ser parte de mi vida, marcaste un rumbo no imaginado por mí, que empezó con una conversación – ¿Te acuerdas? – en la playa de La Herradura, cuando me propusiste que te asistiera “haciendo sonido”, para una obra de teatro que dirigías y estrenarías en el Teatro de la Universidad Católica, el TUC, donde enseñabas. Se trataba de “La Sentencia” de Sarina Helfgott…

Fui por primera vez al TUC, con mi grabadora “Sony” de carrete y parlantes desmontables, me contaste sobre los efectos y la música que necesitabas y me preguntaste si podía dibujar unos afiches de circo, para ponerlos como escenografía y días después, haría la ilustración y diseñaría el “programa de mano”. Tú me introdujiste en ese mundo maravilloso, mágico, del teatro, donde tenía dos amigos: tú y Lucho Peirano…

En el TUC enseñaste a Celeste y a Alicia. 

Celeste y tú se casaron. Alicia y yo también.

Por eso te decía que le diste un rumbo que nunca imaginé, a mi vida, Coco.

De pronto se amontonan los recuerdos y nos veo a los dos, conversando sentados de espaldas a la ventana que da a la calle, en el departamento donde vivías con tu mamá, cuando nos conocimos; te veo actuar y me veo, con bastante vergüenza, actuando yo… Nos veo, en el “Solari”, cerca del TUC, tomando un café con Celeste, Alicia y los amigos

 “tucos” …

La amistad que hicimos ha seguido y ni el tiempo ni las cosas dispares que cada uno hizo: tú teatro y yo publicidad, significaron nunca una separación…

Estás leyendo mi mente y sabes cuánto te vamos a extrañar Alicia y yo. Perdóname, perdónanos, porque no llegamos a conocer tu sala teatral, ni te pudimos dar un abrazo de felicitación.

Perdóname, por estas deshilvanadas letras, Coco…

Te quiero mucho, amigo.

¿ES COMÚN COMUNICAR?


La palabra parece decir que sí, y en efecto, todos intentamos hacer algo que sea eso. Intentamos, digo, lo que significa que tratamos de comunicar, pero no siempre nos acompaña el éxito…

Comunicar implica a otros. Yo no puedo “comunicar al aire” ni tampoco comunicar a las piedras; como ser humano, comunico a otros seres humanos y me puedo comunicar con algunos seres vivientes, en especial si son animales “domesticados”, que entienden mis “señales” de comunicación…

En el plano que ahora nos interesa, que es aquella comunicación que establecemos con otros seres humanos, lo que parece simple, natural y “común”, no lo es, porque para que exista, tienen que haber, en primer lugar, un emisor y un receptor; es decir, alguien que “diga” algo y alguien que lo escuche…

El segundo paso será la claridad y la comprensión de los mensajes, porque estos, al ser emitidos, tienen que ser entendidos y, además –que no es lo mismo- comprendidos por quien o quienes los reciben…

Aquí suelen empezar los problemas, porque el emisor no tiene en cuenta la capacidad del receptor para entender el mensaje… El emisor “habla en difícil” por ejemplo; usa un lenguaje que no es bien entendido, o se orienta a otro grupo objetivo. Así un ingeniero, un médico o un astrónomo, no podrá (ni deberá) comunicar al público en general, usando términos profesionales que solamente entienden los que comparten su actividad profesional, porque el auditorio “se quedará en la luna” y el fracaso será patente…

El comunicador tiene que saber hacerlo, porque no se trata de hablar o escribir solamente, sino hacerlo para que quienes escuchan o leen, entiendan y comprendan lo que se está exponiendo…

A veces se piensa que “se baja el nivel” del conocimiento al   –como se le suele decir- “vulgarizarlo”, pero esto en realidad lo que supone es ponerlo al alcance de la mayoría, eliminando “tecnicismos” innecesarios y –ojo, parlamentarios nacionales- parrafadas que no dicen absolutamente nada, y están repletas de palabras sonoras, pero huecas…

Vulgar aquí, por si acaso, no tiene la acepción de “basto”, sino que como la palabra proviene del latín, (“vulgus”), significa un conjunto de personas comunes, que no tiene conocimientos especiales sobre una materia… ¡Y esto TIENE que tenerlo en cuenta el comunicador!

Comunicar no es “pararse y hablar”. Es muchísimo más que eso y por esta razón a veces los receptores se “quedan en la luna”. Lo que pasa es que el emisor “habla en difícil” o dice paparruchas…

PUBLICADO EN “XCOMUNICACIONES” 30.3.2021

EL SÓLIDO ESQUELETO


Lo encontraron debajo de toneladas de tierra, que ocultaban la Ciudad de los Sueños.

Parecía dormido, acostado sobre lo que fueron cojines gigantescos, hechos de esa seda que tejen, laboriosas, las arañas, de noche y que estuvieron recamados en plata.

Era inmenso, muy grande, todo de piedra-jade que, a pesar de milenios oculto, a la luz de los soles, respondía con brillos silenciosos.

El sólido esqueleto, hablaba de una raza de gigantes, que honraba a sus muertos y fabricaba estatuas de los mismos, para el recuerdo eterno.

Los dioses, que observaban el desenterramiento desde su atalaya en el monte nevado, parpadearon a coro y el esqueleto, de dura piedra-jade, despertó de su sueño, sentándose despacio y bostezando lento.

Esto vieron los soles que nunca se ponían; esto hicieron los dioses, parpadeando a coro y de pronto, la Ciudad de los Sueños, terminó convertida en una pesadilla, de la que nunca, nadie, podría despertar.

Imagen: antediluviana.blogspot.com