EL ÚLTIMO DE LA FILA


Fila corta, porque están, en orden: Manuel Enrique, María Antonieta, Teté, Panchín, Lucho y Manolo.

Manolo, soy yo, el último de la fila de los Echegaray-Gómez de la Torre. El único que sigue por aquí, no sé por cuánto tiempo más…

Ser el último tiene ventajas y desventajas, como todo en la vida… Dependiendo de un “como sea”, la fila empieza por los más bajitos y los de mayor tamaño están al final. En mi caso, casi siempre fui de los primeros y ahora, bajito y todo, resulto ser el último…

Sí, como decían de mí hace muchos años, soy el “conchito” de la familia, lo que queda al fondo del vaso; de esa familia que “Tony” y Enrique formaron al casarse el último día del ya lejano año de 1931…

Esto de ser el último, conlleva responsabilidades, como ser la “memoria”, de nuestra familia corta –siempre aclaro lo de “corta”, porque el término “familia” es muy grande y en mi caso, extensísimo, sobre todo por parte de madre- y el depositario, tal vez involuntario, de pequeños secretos, álbumes de fotografía, cuadernos de poemas, papelitos con máximas primorosamente escritas a mano, libros, revistas, vajilla prosapiosa y dispareja, y sobre todo, recuerdos, de esos que son inmateriales, quedan almacenados en nuestra memoria, y brotan inopinadamente…

Esto de ser la “memoria”, lo aprendí de mi madre, en el caso de los álbumes de fotografía, que aún guardan muchas veces el pie descriptivo de cada foto, pero hay otras que no lo tienen y “Tony” era la memoria que veía y sabía sobre caras de personas y el aspecto de lugares que no tenían ninguna identificación.

Falleció mi madre y con ella murió “La Memoria”, así, con mayúsculas, porque mi pequeña memoria está llena de huecos, de lugares en blanco, de innumerables fotografías sin descripción alguna, donde las sonrisas y los paisajes parecen decir “¿No me reconoces…?”

Cuando me toque irme, seguramente quienes queden, tal vez por curiosidad, mirarán las fotografías que –por precaución “moderna”- guardo en la computadora y que he ido agrupando, unas con el nombre de mi madre, otras con el de mi padre, algunas más con el de Alicia, mi esposa y otras más, finalmente,  con el mío. Mis hermanos, los tres, figuran en el grupo de mi madre… Claro que en la “nube” (otra “modernidad”) tengo almacenadas cientos de imágenes, que me he prometido, así como identifiqué cada foto en el “archivo general” que hice con esas cuatro secciones, hacerlo “apenas pueda”, frase que en realidad debería leerse “mientras me quede tiempo” …

Ser “el último de la fila” es haber visto como la pequeña familia de padres y hermanos, se iba, es saber que, en algún momento, uno se irá “con la música a otra parte” …

Imagen:  Manolo en 1948. Foto por Manuel Enrique

CUANDO UNA PARTE DICE SER EL TODO


Por Manuel Echegaray – Director Xcomunicaciones

Es bien claro, porque “el todo es la suma de sus partes” y este no es “solamente” lenguaje matemático, sino que es una verdad monda y lironda. Indubitable. Imbatible.Empecemos por el todo, porque el marketing cae en esta categorización, especialmente en el mundo de los negocios. Marketing, o “mercadeo” en castellano, es el conjunto de acciones que buscan, finalmente, lograr una transacción, un intercambio. Pero esto es algo que sucede “casi” al final, porque conseguida la transacción, se continúa, se busca investigar sobre los resultados que esta tiene sobre el receptor, su opinión acerca de lo transado y el proceso…El “marketing” tiene muchas partes, comercialmente hablando: Diseño (conceptualización, no dibujo) de un producto o servicio, la fabricación o la implementación –según sea el caso-; el estudio/decisión del mercado receptor. Análisis de las características del mercado elegido y de los consumidores que lo componen. Ajustes necesarios al servicio o producto de acuerdo a lo recogido. Selección de los canales de venta.Hasta aquí se ha llegado al punto donde intervendrá la comunicación, que, en este caso específico, se trata de “comunicación pagada”, es decir, de publicidad y hay todo un largo camino para llegar a su realización y a la exposición de esta a los grupos-objetivo, que va desde definir qué significa el producto o servicio para el grupo objetivo, plantear una “estrategia de comunicación publicitaria” que ofrezca la descripción del producto o servicio, su ventaja/ventajas sobre la competencia, las razones por las que se debe preferir lo anunciado, para finalmente llegar al “posicionamiento”, es decir, el lugar que debe ocupar en la mente del consumidor nuestro producto o servicio…Perdonen por lo largo, pero recién estamos en la etapa previa a la producción del mensaje publicitario: Si es que será un spot de tv, uno de radio, avisos en periódicos o revistas, si se usará Internet, si habrá paneles, afiches, material para puntos de venta, correos directos, “gifts” u obsequios, promociones… Si es que se usará todo o solamente una parte…Para acortar un poco el tema, diremos que el DISEÑO es solamente UNA PARTE de este TODO llamado marketing y que interviene en dos momentos: En el diseño del producto o servicio (forma, envase, etiqueta) y en la parte del DISEÑO PUBLICITARIO, donde propone y elabora el material gráfico que se usará en diferentes soportes. Incluyendo por supuesto a Internet, así como el DISEÑO de la parte artística para spots de televisión o cine.El DISEÑO, repito, es UNA PARTE de este TODO y quien presente al diseño como una especie de “solucionador de problemas” de la comunicación publicitaria, está, o ENGAÑANDO, o atribuyéndole al diseño algo que NO PUEDE por sí solo resolver…CONCEPTUALIZAR, NO ES lo mismo que DISEÑAR GRÁFICAMENTE. Lo gráfico es la materialización gráfica o pictórica de un concepto y esto debe quedar bien claro.Hay empresas que ofrecen al diseño como la panacea y lo aíslan, haciendo creer que eso es marketing, en el sentido total de la palabra. Son UNA PARTE, diciendo y queriendo ser el TODO y casi para terminar, cito un refrán: “¡ARAMOS…! Dijo el mosquito y se posó sobre el buey”.No quiero decir con todo esto que el DISEÑO no sea MUY IMPORTANTE, pero… “¡ZAPATERO, A TUS ZAPATOS…!”

Publicado en Facebook por XCOMUNICACIONES 25.3.2021

LA MALDICIÓN


Todo en su vida, lo llevó hasta aquella soga.

Le contaron que cuando tenía que haber nacido ya, se demoró, causando unos dolores tremendos a su madre…

Tuvo la infancia típica del chico al que fastidian todo el tiempo, porque es gordo y tímido.

Cuando creció, siguió siendo gordo y tímido. Intentó hacer dieta mil veces y siempre fracasó…

ya adulto, fue un gordo infeliz, al que ahora fastidiaban en la oficina, donde llegó a romper una silla por su peso.

Nunca bailó, porque no sabía hacerlo y se sentía ridículo.

La única chica que lo volvió loco, lo miró despectiva y se rió de él.

Ganó quinientos soles en una lotería.

Decidió suicidarse y se colgó, pero su peso rompió la soga que era muy delgada, y no pudo matarse.

Entonces comprendió que su madre, de la que decían era bruja, lo había maldecido al nacer, condenándolo a vivir.

Imagen modificada: pelisplus.me

Volar como Paloma by Manolo Echegaray


MasticadoresVenezuela&Colombia Editor: Jerónimo Alayón

De la tierra al cielo, nacen caminos nuevos…

AC

Soy una planta.

Fui semilla, caí en tierra ygerminé. Poco a poco eché raízy crecí. Me erguí y di fruto. He estado bajo el sol y el cielo que tiene nubes, allá arriba.

En el cielo vuelan las palomas, sin raíces, libres y no como yo, que estoy atada a la tierra.

Creo que algún día,volaré.Como las palomas. Ya no seré planta y mi fruto,mi espíritu,parte de mí,volará, aunque no sea muy alto.

Seré no una, sino muchas palomas, palomitas blancas.

https://manologo.wordpress.com/

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EL COLOR DEL FUTURO


En el letrero decía: “ADIVINAMOS EL COLOR DE SU FUTURO” escrito en letras grandes y vistosas.

Nunca se había hecho “leer el futuro”, porque no creía en predicciones, pero la curiosidad le ganó entonces y entró en el pequeño puesto de la feria: Había una mesa y dos sillas, colocadas una a cada lado de esta. Sobre la mesa había un cenicero grande, que anunciaba una marca de licor…

Al final del cubículo, una cortina verde, desteñida, servía de pared y se movía con el aire…; como no vio a nadie, carraspeó preguntando: “¿Hay alguien por aquí…?”

Un momento después, se corrió un poco la tela y dio paso a un anciano que tenía un aro dorado en la oreja derecha, vestido con una camiseta en la que todavía quedaban algunas lentejuelas a la altura del pecho y un pantalón color caqui, bolsudo, evidentemente de una talla mayor, que la de extraño propietario. Estaba en zapatillas de levantarse y sonriendo, se llevó la mano hacia el pecho y luego, bajando un poco la cabeza, se tocó los labios y la frente, en una especie de saludo, dejando la mano un instante en el aire.

Hizo una seña para que se sentara, e hizo lo propio y siempre sonriendo, se tocó la boca negando con la cabeza, dando a entender que era mudo…

Estaba incómodo en la pequeña silla y se preguntaba si había hecho bien en entrar a ver al adivino, pero este sacó una especie de mazo de cartas del cajón de la mesa y las barajó hábilmente, acomodándolas con las manos en una pila ordenada. Las cartas, se veía, eran viejas y estaban gastadas, con los bordes, que uno sobre otro, en la pila, presentaban un aspecto más bien sucio…

Ahora el hombrecito sacó del cajón de la mesa un cuaderno, buscó, evidentemente, una página en blanco, moviendo las hojas y con un lapicero, escribió: “Bienvenido. Soy mudo. Me llamo Aristofeles. El color de su futuro cuesta 10 soles.” A continuación, dejando el lapicero, hizo una seña levantando las cejas y tendiendo las manos con las palmas hacia arriba, como diciendo “¿Y…?”

Él, sin pensar, sacó un billete de diez y lo puso, doblado, en el cenicero.

El vejete volvió a barajar el maltrecho mazo de cartas y parsimoniosamente, abrió el cuaderno y escribió, mostrándole luego una frase que decía: “Saque una carta. Mírela sin enseñármela y démela con el color hacia abajo”.  Él hizo lo que le pedía, y le tendió la carta, poniéndola en el medio de los dos grupos de cartas que el “Lector de Colores” había dividido el mazo. Los juntó, puso la pila sobre la mesa, barajó las cartas y se las tendió, como ofreciéndolas. Él las tomó, las puso sobre la mesa y del medio, sacó una carta: Tenía una “espada” de color negro, se la quedó mirando y era la misma carta que había sacado antes. El adivino, volvió a escribir en el cuaderno: “Espada negra”.

Puso cara de incredulidad y el “mago”, volvió a escribir, esta vez decía: “Busque otra espada negra entre todas las cartas”. Y las extendió sobre la mesa. Él las fue volteando una a una y vio que estaban todos los colores, incluso intensidades de un solo color, pero no había negro. Lo miró, escéptico todavía, pero medio dudoso, entrecerrando los ojos…

El viejo escribía en su cuaderno: “Cuídese del color negro, su futuro tiene ese color.” Él esbozó una media sonrisa y vio que el billete ya no estaba en el cenicero. El viejo se levantó y repitió el saludo del comienzo, pero al revés. Dio media vuelta y  cojeando, se fue tras la tela verde desteñida.

Él se levantó y salió despacio. Al llegar a la calle, sin pensarlo, se palpó el bolsillo trasero del pantalón y no sintió su billetera… ¡Se le había caído y dentro había tres mil soles en billetes grandes y novecientos noventa en billetes de diez, porque tenía cuatro mil que le habían dado en el banco, donde le pidió al cajero que le cambiara mil, en billetes chicos, o sea de a diez soles; descontando los diez que le dio al adivino…!

Regresó rápido a la feria y corrió hasta el puesto del “Lector de Colores”. Ya no había letrero y dentro estaban la mesa, las dos sillas, pero el cenicero y el trapo verde que hacía de cortina, no estaban y donde estuvo la separación, había un hueco, sin puerta, por el que se veía el descampado…

Miró a todos lados, pero sacudió la cabeza: Había perdido cuatro mil soles y el sinvergüenza ese, le dijo que su color de mala suerte era el negro y se quedó con la billetera que encontró…; rió amargamente y pensó al instante en “Bola”, la gata negra que lo acompañaba desde que se largó su mujer…

Distraído por sus pensamientos, no se fijó en la camioneta antigua, negra que casi lo atropella, ni tampoco vio que el que manejaba era un viejo con un aro dorado en la oreja, una gorra de lana negra encasquetada en la cabeza, y que se reía…

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EL TREN DE LAS CINCO


Todos los días iba a la estación, después de comprar un ramito de violetas…

En la estación, esperaba al tren de las cinco, que llegaría con ella, que se sorprendería al verlo, sonreiría, dejaría el maletín en el suelo y correría hacia él, se abrazarían y él le daría las violetas…

El tren se demoraba… El tren de las cinco no llegaba.

Él esperaba nervioso por la demora…

Al final, dejaba caer el ramito de violetas en un basurero y se iba, para volver al otro día y esperar el tren de las cinco, con un nuevo ramito de violetas y la alegría anticipada por verla sorprendida…

Y así, todos los días…

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