¡O TEMPORA, O MORES…!


La frase latina que usó Cicerón en uno de sus discursos, puede traducirse como “¡Qué tiempos, qué costumbres…!” y me parece que viene “a pelo” para estos tiempos pandémicos, esta extraña situación mundial, que tiene a todos de cabeza…

El discurso de Cicerón fue una de sus “Catilinarias”, contra –de ahí viene el nombre- Catilina, que había intentado asesinarlo y es también de asesinato que se trata en estos días aciagos; asesinato en masa de seres humanos y no solamente intentos, por un Catilina, cuyo nombre también empieza con “C” …

El ataque del virus ha cambiado radicalmente las costumbres y diría, que la vida, de la especie “dominante” en este planeta, que es gregaria y está habituada al contacto cercano…

Esto es lo primero que ha cambiado, porque el individualismo casi se vuelve necesario, mostrándose, ciertamente, en sus peores facetas. El contacto cercano debe ser suprimido y con él las muestras de afecto y eso que “era” tan sencillo y decidor como un abrazo…

Muere la gente por millones, se instala el miedo, la desconfianza hacia “el otro”, se derrumban las economías de los países, hay hambre, el miedo se va volviendo pánico, mientras las noticias encadenan desgracias…

Las costumbres han cambiado. Ya no son las que conocíamos de antes: ahora, casi todos usan una mascarilla facial, caminan distanciados y miran con recelo al prójimo más próximo…

Parece como si una especie de apocalipsis lento se adueñara de la Tierra, provocando la muerte y borrando poco a poco, todo vestigio de humanidad. Hay excepciones, claro: de las buenas y de las otras…

Están los que luchan denodadamente, a diario, contra un enemigo hasta ahora implacable e invisible, dando incluso su vida por los demás…

Están aquellos a los que nada parece importarles, ni los otros, ni ellos mismos; los que no creen, hasta que mueren víctimas de su evidente estupidez, aunque en el camino, por desgracia, arrastren a miles, contagiándoles el virus letal…

Estos tiempos son de cambio violento, acelerado, sin pausas para pensar, para “aggiornarsi”. Son tiempos en los que las costumbres cambian, pero en el fondo, el ser humano, sigue siendo el mismo y la espada de Damocles continúa oscilando, pendiente de un hilo, sobre nuestras cabezas.

Imagen: http://www.timetoast.com