ENTENDER


Cuando en el colegio les dicen “¡Rompan filas!”, cada uno se iba por su lado y nunca ha visto a nadie romper nada, o cuando escuchaba “¡No rompan el silencio!” y callado, miraba a todos lados para tratar de ver los pedazos de algo, no entendía.

No se imaginaba dónde estaban los trozos de las promesas rotas y sí los pedazos de papel, que juicioso, echaba al basurero de su cuarto…

Era un misterio el paradero de las “manos rotas”, de las que había oído hablar a su padre, riendo, durante la comida, al volver del trabajo en la empresa.

A veces, por las noches, sueña con un extenso campo, raro, donde hay muñecas rotas, vidrios que fueron vasos, loza hecha trizas con pasado de tazas y de platos, sillas cojas, muebles desgarrados con resortes al aire, e infinidad de trozos de cuanta cosa existe.

No entiende, no entendía, no entenderá por qué, habiendo pegamento, hay tanto que está roto y no lo pegan nunca.

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