GOLONDRINAS


El sábado, un piar extremo me llamó la atención, miré por la ventana y sería muy poético decir que el cielo estaba negro y latía, pero en verdad es que una verdadera nube de golondrinas volaba, como ellas lo hacen, yendo y viniendo, en elegantes y rápidas evoluciones…

¡Golondrinas! Hace muchos años que no las veía y mi entusiasmo hizo que recordara, que no las veía, por lo menos cuarenta años, lo que no causó mayor admiración en quienes me escuchaban, porque seguramente pensaron que exageraba y ahora que escribo, pienso que tal vez eso sea cierto, pero lo que pasaba era que yo no las notaba, no les hacía mayor caso…

Lo cierto es que ver a las golondrinas volar y piar el sábado por la mañana, despertó en mí un extraño entusiasmo, como el que experimenta alguien que encontró de repente, lo que no pensaba hallar; tal vez fueron recuerdos, tal vez maravillarme de esa alegría que transmiten, quizás, amarrado a la tierra y ahora confinado, sentí una cierta envidia de su libertad…

En realidad, no lo sé, solamente que me acordé –por supuesto- de Bécquer y sus “oscuras golondrinas”, del dicho ese de “una golondrina no hace verano” y que, si no me equivoco, las golondrinas anuncian el verano (francamente, no sé si en este o en el otro hemisferio) …

Sentí que la semana iba a terminar bien y que esas golondrinas eran un buen anuncio, el de tiempos mejores.

Ojalá que así sea.

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