ERROR Y ANIMAL by MANOLO ECHEGARAY


MasticadoresVenezuela&Colombia

No todo lo que suena igual, significa lo mismo…

AC

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Nuestro idioma, el español, nos da pequeñas sorpresas como
por ejemplo son, las acepciones de los términos, que no se
parecen la una y la otra. Como se dice criolla y popularmente,
nada que ver” …
“Gazapo” se le llama al error o equivocación, especialmente
en lo escrito, aunque también se califique así a un yerro oral.
El gazapo por lo general –siendo misericordes- es
involuntario…
“Gazapo” también se llama a la cría del conejo y entonces
surge la pregunta: ¿Qué tienen que ver – en qué se parecen-
un error y un animal…?
De pronto, es porque un conejo chiquito resulta poco
notorio, es escurridizo y puede meterse en los sitios más
inopinados sin que nos demos cuenta… Como sucede con el
error literario, que se puede cometer y colarse, si…

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Vacas by Manolo Echegaray


MasticadoresVenezuela&Colombia

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Las vacas vienen, mansas al ordeño, cuando escuchan su
nombre: “¡Rositaaa…!”, llama primero la mujer y Rosita lanza
un mugido corto, una contestación, luego camina hasta el lugar
donde su leche que es tibia, blanca y espumosa, llenará el
balde. Después la seguirán, en ordenada fila, las demás, que
pacientes, esperan la llamada.

Mirando, desde el murito de adobe, un niño ríe. Vino desde
lejos, con sus papás y hoy lo despertaron muy temprano,
para venir a ver las vacas, esas que no hay en la ciudad y que
solamente conoce por las fotos que ha visto en un libro o en
los dibujos de algún comic…

Ahora están ahí, son grandes, lentas, y es de verdad que van
cuando oyen su nombre, para ser ordeñadas. Eso valió la
pena, el madrugón y todo… Ya tiene para contar en su
colegio, cuando vuelva, después de…

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ANTIPARRAS


Curiosa palabra que es otra forma de llamar a algo tan común y corriente como los anteojos, llamados también espejuelos o lentes…

Recuerdo que la primera vez que tuve conocimiento de su existencia, fue –cuando chico- leyendo algo sobre corredores de autos, haber leído que el piloto, “se ponía las antiparras” y por supuesto no entendí que era lo que el corredor se ponía…

A la hora de almorzar, en la pequeña sobremesa que hacíamos y mientras mi madre tomaba una manzanilla y mi padre un café, le pregunté a él qué cosa eran las antiparras… Me miró –recuerdo hasta ahora su sonrisa- y del bolsillo de la camisa sacó sus anteojos de leer (nunca necesitó usar lentes “para ver de lejos”) y me los enseñó… Supongo que yo pondría cara de desconcierto, porque me dijo: “Son los anteojos, es una palabra para llamarlos, aunque no se use mucho …”.

Supongo que entonces me imaginé a un corredor de autos corto de vista, pero con el tiempo comprendí que las famosas antiparras era lo que se ponían delante de los ojos, para protegerlos del viento, los corredores de autos, que, en esa época, cuando Juan Manuel Fangio ganaba todas las carreras en lo que hoy, elegantemente, se llama un “monoplaza”, usaban y que eran estos anteojos grandes que cubrían los ojos, bien pegados al rostro y se ajustaban a la cabeza con un elástico o algo parecido.

Recuerdo que mi padre, a partir de entonces, me pedía que buscara o le pasara sus “antiparras”, haciéndome el guiño cómplice de quien usa una palabra clave.

Imágenes: Manuel Enrique, riendo.

Juan Manuel Fangio/ motorbit.com