ROSA DE LOS VIENTOS


Se llama María, pero a todos dice que su nombre es Rosa y que la nombren así. Vive en el puerto y duerme bajo el casco de algún bote, que dado vuelta, es dejado en la playa para que el sol lo seque.

María, autonombrada Rosa, recorre las calles estrechas, donde las casas de madera, pintadas de colores diferentes, tratan de alegrar una tristeza que puede tocarse con la mano.

Vaga sin rumbo fijo, para de pronto detenerse y empezar a dar vueltas, extendiendo los brazos, hasta que el mareo la vence, se sienta en la estrecha vereda por un rato, para después seguir andando y repetir los giros…

Los vecinos, casi todos pescadores o marineros viejos, la llaman como ella quiere, Rosa, pero la apodaron “Rosa de los Vientos”, porque dicen que, con sus vueltas y brazos extendidos, señala direcciones…

En realidad, lo correcto sería que dijeran que es una veleta, pero están muy de acuerdo en que, a ella, aunque loca, no le gustaría para nada.

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