LA CAMPANA


Ya no canta. Sigue balancéandose un poco, en lo alto de la torre si hay viento fuerte, pero está muda desde hace tanto tiempo, que nadie recuerda haberla oído llamar a misa, tocar a difunto o celebrar alegre alguna fecha notable…

Más que una grieta que empañaría su voz, desafinándola, más que una rajadura en el metal antiguo, tiene un hueco largo que la separa, que la ha dejado callada para siempre.

La campana ahora cuelga inerte y seguramente recuerda sus repiques sonoros, mientras mira pasar la vida por la plaza del pueblo.

Imagen: foto campana/Cajamarca/ manolo echegaray