EL REGALO


Ya va a ser Navidad y solamente puedo regalarles lo que tengo: El cariño y las palabras. Que estas fiestas sean felices para todos. Manolo.

EL REGALO

Era un cuarto de hora antes que sonaran la campana de la iglesia del pueblo, que anunciaba la llegada de la Navidad, cuando lo que sonó fue la puerta, que alguien tocaba una y dos veces.

¿Quién podría ser a esa hora…? Miró por la ventana y no vio a nadie. Cauto, se acercó a la puerta, pegó el oído a la madera, pero solamente logró percibir el silencio.

Con cuidado y sin hacer ruido, quitó la aldaba y abrió la puerta: no había nadie, pero al mirar al suelo, vio un paquete de regalo envuelto en papel con lunares verdes y con un hermoso lazo de cinta roja…

Miró para todos lados, a derecha e izquierda, intrigado, hasta que con el pie empujó la caja –que no era muy grande ni pesada- hasta meterla en la casa y cerró la puerta.

Se quedó mirando, inquisitivo, lo que era evidentemente un regalo; desató la cinta y quitó el papel navideño. La caja era una caja común, de cartón y cuando la iba a abrir, sonó la campana de la iglesia, anunciando que ya eran las doce, que ya era Navidad.

Abrió la caja y estaba vacía. En el fondo, tenía pegada una pequeña tarjeta, con el dibujo de unas hojas de muérdago, con dos campanitas doradas y un texto manuscrito, que decía: “¡Feliz Navidad! Te regalo la vida. Dios.

Leyó otra vez la tarjeta y supo que no estaba solo, en ese pueblo perdido entre los cerros, donde había ido a morir.

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