LA DECISIÓN


No había forma.

No era responsable de su nacimiento, ni tampoco del primer tiempo que estuvo vivo, porque respiraba automáticamente.

Después, dependió siempre de alguien para comer, vestir y para que las pequeñas necesidades diarias no se tornaran en las dificultades de cada día.

Hasta que un día dijo “No” y de pronto, todo pareció paralizarse. Era la primera vez que sentía que él estaba decidiendo.

El problema sería, que, a lo largo de su vida, otros seguirían decidiendo por él, haciéndole el cuento de que las decisiones eran suyas.

En realidad, sobre lo único que tenía decisión, con suerte, era sobre ese respirar. Con suerte, si es que no lo liquidaba una enfermedad, un accidente o una bala.

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