ARCHIPÁMPANO


La primera vez que vi la palabra, fue en un libro del célebre cómic “Las Aventuras de Tintín”, en edición española. Uno de los varios libros grandes que tenía cuando era niño…

Puntualizo que era la edición española, porque supongo que Georges Prosper Remi –“Hergé”, belga- no hacía textos en castellano para sus historietas; por tanto, la palabra “archipámpano” que llamaba siempre mi atención y que el capitán Haddock profería casi furioso, entre varios “insultos”, es hispana y en realidad es el despectivo que les aplica a las personas que ejercen una autoridad imaginaria y que en realidad no tienen ningún puesto.

El capitán se lo decía al profesor Mariposa, el “sabio” del péndulo. Era en realidad, que, desde su francote talante de marino, despreciaba un poco –casi cariñosamente- al distraído profesor…

La palabra se me quedó grabada y ahora que la recuerdo, por esas extrañas acciones de la memoria, busco el significado y no es lo que yo creí de niño –una especie de “¡imbécil!” dicho más elegantemente…

Error del chico que fui: no buscar, a tiempo, en el diccionario.

Imagen: http://www.pinterest.com

AÑICOS


No sabía que era Rodas o dónde quedaba. Sabía, sí que “coloso” era grandazo, fuerte, como él y que le decían “El coloso de Rodas”.

En el barrio le pusieron el apodo, porque era grande, fortachón y le gustaba pasear en camiseta para que notaran sus músculos.

Claro, si hubiera tenido un poquito más de cerebro que de musculatura, hubiera sabido sobre Rodas y de cómo al Coloso, o sea a la estatua inmensa que se levantaba a la entrada del puerto, sobre el mar, presidiendo la ciudad, un terremoto lo hizo añicos (que es también, curiosamente, el diminutivo de… ¿años?).

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