Ensimismado by Manolo Echegaray


MasticadoresVenezuela&Colombia Editor: Jerónimo Alayón

Cuando en lo que pensamos nos atrapa, lo demás queda sobrando…

AC

O sea,¿“Mismamente en sí?”

Esta es una curiosa condición de mucha gente, en la que cuando le hablas, o no te responde (y no por mala educación o porque te desprecie) sino porque no te ha oído; también hay quienes reaccionan tardíamente o con sobresalto, como si hubieran estado dormidos, soñando y de pronto despiertan.

Creo que todos nos ensimismamos muchas veces en la vida y puede suceder por cualquier causa, ya que algo nos absorbe tanto que entramosenuna especie de trance y dejamos que la mentehaga de las suyas, sin reparar enlo que está pasando afuera.

No es malo ensimismarse, creo también, porque es uno de esos momentos en los que el pensamiento se libera, para enroscarse sobre algo que le gusta y disfrutar.

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COLEPATO


Hace muuuuuucho tiempo, el “colepato” era el medio de transporte que usaba, como miles de personas en la ciudad, para ir de en lado a otro. Era lo que se llama un “taxi colectivo”, es decir un automóvil compartido por cinco pasajeros (dos sentados adelante, al lado del chofer y tres sentados atrás); “colepato” era el modo coloquial de nombrarlo, yo diría que hasta cariñoso.

Los “colectivos” (como se les llamaba formalmente), tenían rutas fijas, generalmente por avenidas principales y los pasajeros, que llenaban el vehículo en un paradero inicial, como iban a diversos lugares que quedaban a lo largo de la ruta, al bajarse, dejaban el lugar para otros pasajeros que requirieran del servicio.

Había bastantes “comités” de colectivos, que cubrían las diferentes rutas y confieso que era un medio de transporte, que, aunque más caro que el ómnibus, resultaba cómodo y rápido. Los diferentes “comités” estaban bien organizados y eran reconocidos, aunque no faltaban los “piratas”, solitarios, que sin pertenecer a ninguna asociación de choferes colectiveros reconocida, hacían una competencia desleal, especialmente durante las “horas punta” y a veces (muy pocas, por cierto) cobrando algo menos de lo usual. Claro que también solían llevar cuatro pasajeros atrás y tres adelante (“¡Acomódense, acomódense…!”).

Los microbuses ampliaron enormemente la oferta del transporte público, siendo un poquitito más caros que el ómnibus, para menos pasajeros que éste y también con “comités” y rutas fijas, pero que cubrían más distancias y circulaban también por avenidas “menores” o calles, cosa que no hacían los “colectivos”.

Los microbuses se abarrotaban de pasajeros, haciendo realidad el término de “como sardinas en lata” para sus sufridos usuarios, además de producirse verdaderas carreras entre diferentes microbuses, pertenecientes a distintos “comités” que servían una misma ruta.

Los “microbuseros” han cobrado fama de “asesinos del volante” y, aunque esto no es privativo suyo –y me perdonarán que los llame así- porque a veces pareciera que el timón, en general, da “licencia para matar”, pero es que, aprovechando el mayor tamaño de su vehículo, arriman “metiendo el carro” a los otros que les “estorban”, en maniobras que son de una temeridad salvaje e inconsciente.

Aunque los “colectivos” todavía se mantienen, están prohibidos por inseguros, pero hacen “lobbies” en el congreso, para que se les reconozca y permita operar.

El colmo es que hay “servicio” de transporte en… ¡motocicleta!, donde un pasajero va sentado detrás del motociclista, actividad que por supuesto está prohibida, pero existe. Si a eso sumamos los “comités” de “moto taxis”, una peligrosa y endeble alternativa de transporte público, que usa motocicletas, con una débil carrocería, que permite a dos (o tres, “ajustaditos”) pasajeros, dirigirse a su destino, en ciertos distritos, donde son permitidos, nos daremos cuenta de que el tema del transporte público en esta capital, es un desastre, porque además hay que sumar a esto el tren eléctrico –de escaso alcance, para una ciudad grande- y el llamado pomposamente “Metropolitano”, que está compuesto por ómnibus con rutas fijas, que cuentan con micro rutas “alimentadoras”…

Claro, el “colepato”, los ómnibus Mercedes Benz “azulitos”, los “Büssing” color ciruela y los “Enatru” amarillos y con “acoplado”, son parte de un ayer, cuando esta Lima era un poco más pequeña, había algo de respeto en las pistas y la cortesía no era tomada como la minusvalía de un imbécil…

No voy a decir que extraño al “colepato”, porque en lo personal salgo poquísimo (nada en “Tempus Pandemian”), pero sí guardo en mi recuerdo a “la 96” o a “la 81”, que iban una por la Avenida República de Panamá, desde Lima a Chorrillos (y viceversa) la una y la otra, desde Lima a Miraflores (y viceversa), por la Avenida Arequipa (antes avenida Leguía), lo cómodo que me movilizaba, antes de que los microbuses entraran a tallar, el transporte público fuera el maldito caos que es hoy y el espejo me dijera que los años pasaron nomás.

Imagen: www.conceptcarz.com (foto referencial).