EL MARCADOR DE PÁGINAS


Por costumbre, como todos, cuando leía, marcaba la página en la que se había quedado, para continuar la lectura desde allí al retomar el libro. Algunos doblaban una esquina para señalar, pero él, porque no quería arruinar el libro, colocaba un papelito cualquiera, el que tuviera a mano…

Una mañana, compró, de segunda mano, en una librería antigua, que estaba medio escondida en una callecita lateral, un libro que le llamó la atención por el título y al hojearlo, camino a su casa, vio que entre las páginas había un marcador, que era una simple cartulina rectangular que, con muy mala letra, tenía manuscrito en tinta azul descolorida: “buscar en la página 35”.

Justo, cuando iba a buscar la indicación del marcador de páginas, oyó un ruido estruendoso y un automóvil, muy cerca, se empotró contra la pared. Se asustó mucho al darse cuenta de que el auto podía haberlo aplastado a él y se olvidó de lo que iba a hacer, prometiéndose a sí mismo no distraerse con nada mientras no llegara a su casa.

Al entrar a esta, dejó el libro sobre el sillón de la sala y todavía conmocionado y agradeciendo haber tenido la suerte de que no le pasara nada, fue directamente a prepararse un café: “me calmará los nervios” pensó.  Se preparó el café, lo llevó a la sala y cuando iba a sentarse, reparó en el libro, dejó el café en la mesita, cogió el libro y se sentó…

El marcador estaba ahí y después de leer la nota desvaída, buscó la página 35 y subrayadas, en la misma tinta azul, bastante pálida, leyó estas palabras: “Caminaba tranquilo, cuando de improviso, casi a su lado, un vehículo se estrelló contra la pared de ladrillo, provocando una nube de polvo y de fragmentos que volaron por el aire, todo acompañado de un gran estruendo…”. Cerró el libro, cogió la taza de café entre asustado y pensativo y pensó que era rarísimo, pero el subrayado iba dirigido a él, para avisarle…

Entonces apuró el café y prefiriendo no pensar más, fue a echar el libro en la bolsa de basura.

Imagen: educacion2.com