LA PINTURA


El padre de Hans, alguna vez le contó que ese era el retrato de alguien, que, en la lejanía del tiempo, había sido un familiar, pero no sabía quién era, exactamente, ni de cuantos años estaban hablando. Era una herencia que pasaba de generación en generación, porque él lo había recibido de su padre, que lo recibió del padre de su padre y este…

Era evidentemente un retrato. El de un hombre que miraba fijo, de hito en hito, a los ojos del espectador y tenía la particularidad de seguir mirándolo, aunque este variara de posición. Al moverse, los ojos del cuadro parecían seguirle, pues le miraban fijo, sin importar el sitio desde donde se le mirara…

La particularidad del cuadro llamaba la atención y tal vez esa fuera la razón de su permanencia en la familia, nadie sabía desde hacía qué tiempo. Lo único que se sabía, era que nadie quiso venderlo nunca, no tenía firma alguna, estaba pintado en tela y enmarcado sencillamente, en madera que se notaba barnizada…

Lo que nunca supieron era que el personaje del cuadro fue un hombre que vivió allá por el 1,700, en Flandes, que había sido el hijo negado de una recontratarabuela de la familia, que pasó su vida encerrado y encadenado por la cintura, en una habitación, que tenía un ventanuco por el que le pasaban agua y comida…

Encargaron a un pintor que le retratase y este, después de mirarlo varias veces por la pequeña ventana para fijar sus rasgos y hacer bocetos a lápiz, lo pintó casi de memoria, pero lo que más le llamó la atención fueron sus ojos, muy abiertos, de mirada fija, que lo persiguieron por mucho tiempo en sus pesadillas. Eran unos ojos que no pestañeaban y parecían decir “¡Sácame de aquí!”.

Hans necesitaba dinero urgentemente y decidió vender el cuadro. Lo llevó a una tienda que compraba antigüedades. Regateó poco sobre el precio que le ofrecieron y aceptó la transacción.

Nadie se dio cuenta de inmediato del cambio, pero almacenado el cuadro, en él, el personaje, tenía cerrado un ojo, como si lo guiñara en señal de complicidad, diciendo “¡Gracias …! ¡Por fin me libré de esa familia de imbéciles…!”.

Imagen: rpp.pe