¡FELICES 117, MANUEL ENRIQUE!


Hoy, mi padre cumpliría 117 años.

Está celebrando en el Barrio Eterno, con Tony, mi madre, con mis hermanos Teté, Panchín, Lucho y con mi cuñado Jorge…

¡Felicidades desde aquí, donde soy el único hijo y hermano que queda aún por estos lares…!

¡Abrazo agradecido, como todos los 26 de diciembre!

Imagen: Manuel Enrique y Tony.

EL REGALO


Ya va a ser Navidad y solamente puedo regalarles lo que tengo: El cariño y las palabras. Que estas fiestas sean felices para todos. Manolo.

EL REGALO

Era un cuarto de hora antes que sonaran la campana de la iglesia del pueblo, que anunciaba la llegada de la Navidad, cuando lo que sonó fue la puerta, que alguien tocaba una y dos veces.

¿Quién podría ser a esa hora…? Miró por la ventana y no vio a nadie. Cauto, se acercó a la puerta, pegó el oído a la madera, pero solamente logró percibir el silencio.

Con cuidado y sin hacer ruido, quitó la aldaba y abrió la puerta: no había nadie, pero al mirar al suelo, vio un paquete de regalo envuelto en papel con lunares verdes y con un hermoso lazo de cinta roja…

Miró para todos lados, a derecha e izquierda, intrigado, hasta que con el pie empujó la caja –que no era muy grande ni pesada- hasta meterla en la casa y cerró la puerta.

Se quedó mirando, inquisitivo, lo que era evidentemente un regalo; desató la cinta y quitó el papel navideño. La caja era una caja común, de cartón y cuando la iba a abrir, sonó la campana de la iglesia, anunciando que ya eran las doce, que ya era Navidad.

Abrió la caja y estaba vacía. En el fondo, tenía pegada una pequeña tarjeta, con el dibujo de unas hojas de muérdago, con dos campanitas doradas y un texto manuscrito, que decía: “¡Feliz Navidad! Te regalo la vida. Dios.

Leyó otra vez la tarjeta y supo que no estaba solo, en ese pueblo perdido entre los cerros, donde había ido a morir.

Imagen: http://www.clipartmax.com

EL HOMBRE ARAÑA


Se santiguó, besó la medallita y roció con agua de azahar la figurita que le había dado la señora del quiosco; era de plástico la figurita, pero le había asegurado que, con sus rezos, se le había metido adentro el alma de Jonás, al que ella no quería perder por nada de este mundo…

Puso la figurita en la cómoda y delante de ella una velita que no era marca “Misionera”, pero igual daba su lucecita al encenderla; en la bodega, le habían asegurado 24 horas de duración.

Jonás llegó por la noche y ella estaba dormida, soñando con Jonás; le llamó la atención la luz débil, sobre la cómoda y la figurita. Meneó la cabeza, sopló la velita y a oscuras, se acostó al lado de Auristela…

A la mañana siguiente, ella se despertó y lo primero que hizo fue ver a Jonás que roncaba a su lado. Silenciosa, se levantó y fue hasta la cómoda y miró la velita apagada. La tocó y estaba fría. Rápidamente metió la figurita en un cajón, junto con lo que quedaba de la vela, rogando que se hubiera apagado antes de que la hubiera visto Jonás, que se desperezaba, abriendo los ojos y mirándola fijamente le dijo: “¿Ves por qué me voy a ir de esta casa…? ¡Tú estás loca de remate y me haces la vida imposible…! ¿Qué es eso ahora de prenderle velitas al <Hombre Araña>…?” y señaló la cómoda vacía…

“¡El loco eres tú…!” tronó Auristela con susto… “¡La que debería irse soy yo…!”  dijo con la voz más llorosa que pudo, mientras él la miraba entre dudoso y desconfiado…

Finalmente, Jonás se acercó a Auristela y la abrazó, haciéndola caer sobre la cama destendida. Hicieron el amor varias veces y mientras Jonás se acomodaba para dormir un rato más, Auristela se levantó de puntillas, sacó del cajón la figurita de plástico y el resto de vela, para ir al patio, envolverlos en una hoja de papel de periódico, hacer una bola y echarla en la basura.

Regresó a la habitación, donde Jonás dormía sonriente, lo miró, besó la medallita y se santiguó…

Imagen: www france-figurines.fr

LA DECISIÓN


No había forma.

No era responsable de su nacimiento, ni tampoco del primer tiempo que estuvo vivo, porque respiraba automáticamente.

Después, dependió siempre de alguien para comer, vestir y para que las pequeñas necesidades diarias no se tornaran en las dificultades de cada día.

Hasta que un día dijo “No” y de pronto, todo pareció paralizarse. Era la primera vez que sentía que él estaba decidiendo.

El problema sería, que, a lo largo de su vida, otros seguirían decidiendo por él, haciéndole el cuento de que las decisiones eran suyas.

En realidad, sobre lo único que tenía decisión, con suerte, era sobre ese respirar. Con suerte, si es que no lo liquidaba una enfermedad, un accidente o una bala.

Imagen: http://www.personal.psu.edu

Sutileza


Sabius

En la exposición de N.W.Schultz, al final de la galería, en una pequeña salita anexa se exponía el cuadro cuya foto os adjunto y que os recomiendo ver con atención.

El título era, “Regresión de la Sutileza

Dos hombres entraron en la salita y miraban ávidamente el cuadro intentando desgranar el sentido de la pintura.

-Está claro que refleja el retroceso en el proceso de fusión cognitivo como aprendizaje conductual frente al condicionamiento operante empírico.

-Yo además aprecio un refuerzo en el episodio colorista de la obra, plasmado en suaves trazos aterciopelados, que muestran una sutil disconfomidad colorista.

-Perdona, ¿colorista? pero si son trazos blancos…

-Por eso he dicho precisamente, lo del refuerzo en el episodio colorista. El color está en la mente, en el alma del autor.

-Tienes razón, ahora lo veo con claridad.

De repente apareció un hombre enfundado en un mono azul con manchas de…

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