Tiriti tran tran tran


El blog de una empleada doméstica

En el mismo centro de la Arcadia, lugar que se ha mitificado pero que en realidad era una zona bastante cutre del Peloponeso, había un lago siniestro a cuyas aguas no llegaba la luz. Lo único que en aquellas aguas se reflejaba era un amasijo de plumas y picos y un devenir de alas en movimiento. Nada se escuchaba allí, salvo graznidos.

El lago se llamaba Estínfalo y estaba habitado por tal cantidad de pájaros que tapaban el azul del cielo. Las aves del Estínfalo, de gran tamaño, tenían picos, alas y garras de bronce y con esas armas mataban. Todo en ellas estaba hecho para la destrucción, sus excrementos venenosos arruinaban los cultivos, y como eran carnívoras , atacaban al ganado y a la población, devorando tanto animales como humanos, sin hacer distingos.

Aquello era insostenible y no se podía aguantar. Para solucionar la situación los del Olimpo anunciaron…

Ver la entrada original 991 palabras más

ÉCHALE LA CULPA AL BOSSA NOVA


La tarde había sido calurosa, pero al anochecer la temperatura se suavizó un poco. Sin embargo, la camisa de manga corta, los shorts y el andar sin medias, revelaban que el verano se resistía a irse.

Ella estaba absorta en lo que pasaba en lo que al parecer era el capítulo final de la telenovela de las 6.00 pm, que el televisor entregaba puntual de lunes a viernes…

De pronto oyó la voz de él, que, desde el cuarto, decía algo y sin entenderle ni darle importancia, respondió con un “¿…?” distraído y automático.

Terminó la telenovela y durante los comerciales se quedó mirando a la pantalla, pensando en ese desenlace, en el que Juan, el protagonista, moría sin que nadie le hiciera caso, mientras sonaba un bossa nova de moda. Sin apagar el televisor, fue hasta la cocina para buscar un vaso con agua y desde allí le preguntó a su marido si quería que le llevara uno; él no contestó y ella se sirvió el suyo, bebió el agua y después de dejar el vaso en el fregadero, caminó hasta el dormitorio, donde él estaría leyendo, sentado en la silla de ruedas que usaba desde que el accidente le impidió caminar.

Estaba allí, sentado, sí, en camiseta y pantalón de pijama, con el periódico desparramado por el suelo, la cabeza ladeada y la boca abierta…

En ese instante, ella se dio cuenta de lo que había dicho su marido cuando ella no le dio importancia: “Tengo frío…”

Imagen: http://www.radiotunes.com