INACTUAL


Estaba “pasado de moda”. Usaba pantalones acampanados, de correa ancha, así como anchas eran sus corbatas cuando se las ponía con camisas “de vestir”, de cuellos con las puntas largas. Sus zapatos eran altos, de esos que se llamaron “con plataforma”, que hacían crecer en algo su metro cincuenta y cinco. Fumaba, en un tiempo en que hacerlo en público ya era mal visto, usaba barba y era un “contrafáctico”, que se negaba a aceptar los hechos.

Se sabía distinto y no le importaba que lo miraran por la calle, o cuando, sentado en un banco del parque, leía un libro, sin que ningún sonido de teléfono celular –que no tenía- le interrumpiera su lectura.

Era feliz, a su manera, sin hacer daño a nadie, aplicando la regla de no discutir de mujeres, de religión o fútbol y en realidad no discutía nunca porque hablaba muy poco. Tenía puesto un audífono siempre, que conectaba con su “Walkman”, que tocaba música clásica y en una bolsa llevaba los casetes “de repuesto”, una botella de agua, y su vieja billetera, con una foto recortada de una estrella del cine y nada de billetes.

Le decían “el loco”, sonreía cuando un niño se acercaba a mirarlo, mientras la música seguía llenando su cerebro que vagaba muy lejos entre recuerdos, sinfonías y fotos “Polaroid” …

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