Todo iba muy bien hasta que una cotilla miró


El blog de una empleada doméstica

A los humanos les gusta pensar que hubo un tiempo en este nuestro planeta en el que todo era alegría y alborozo. No había guerras, enfermedades ni miserias y la gente vivía muy contenta y despreocupada. Como en el paraíso terrenal que se narra en la Biblia, pues lo mismo. “Otrora vivía en la tierra el género humano, lejos y libres de males, libres de la dura fatiga y de las enfermedades dolorosas que dan la muerte”, narra Hesiodo en “Los trabajos y los días”. Hasta que…

Hasta que llega alguien y lo fastidia. Todo este sufrimiento tiene que tener un culpable y si ese culpable es del género femenino, mejor me lo pones, o mejor se lo pones al que lo escribió que casi, casi seguro que fue un hombre. En la Biblia la culpable fue Eva por comerse la famosa manzanita e incitar a comer a Adán y…

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Que te contraten los dioses tiene sus riesgos


El blog de una empleada doméstica

A última hora del día, desde su sofá, le habla Clímene a su marido Jápeto del panorama tan malo que tienen con los dos hijos en paro.

-Estos no se van de casa hasta los cuarenta, te lo digo yo, y a ver qué hacemos. Pienso que a Prometeo algo le saldrá, porque es muy listo y emprendedor pero Epimeteo, qué chico, de verdad, no es que sea malo pero, ¿cómo te diría?, está un poco empanado. Jápeto, ¡no me lo puedo creer!, ¡otra vez te has dormido!, habla una con el viento.

-Pero si es que todas las noches le das vueltas a lo mismo, no te obsesiones, cualquier día los llaman de…

-Sí, del Olimpo los van a llamar a estos dos, no te digo.

Pues sí, señora, del Olimpo los llamaron. Los dioses habían estado jugando a crear, metiendo las manos en la tierra como si fueran…

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PÉNDULO


Al oeste…, siempre al oeste…”, repetía el profesor Tornasol (llamado al comienzo de la traducción española de la genial “Aventuras de Tintín”, Silvestre Mariposa) el personaje que aparecía con aire distraído, en los libros de la historieta que yo devoraba cuando era chico y que conservo con cariño en la memoria, ahora, cuando el tiempo y las diferentes mudanzas han hecho que desaparecieran físicamente.

La frase del distraído profesor, que aparecía con un péndulo que se movía (supongo que indicando el oeste), no producía en mí nada especial, salvo tomarla como señal de la excentricidad del personaje que usaba corbata “michi”, sombrero y llevaba, cogido con dos dedos de una mano, pendiendo de un hilo, ese objeto pequeño, circular como una medalla, con líneas que indicaban movimiento oscilatorio (esas maravillosas convenciones gráficas de los comics), y que aprendí a conocer por su nombre, gracias a la explicación de mi padre, que siempre pensé que lo sabía todo… (Después vendrían “La fosa y el péndulo” y también “El péndulo de Foucault” …).

Ahora, muchos años más tarde, creo que el péndulo del comic de mi niñez, sería casi imprescindible para indicar en qué dirección debemos ir, tan enrevesado anda todo… ¡Feliz Tornasol, el profesor excéntrico y sordo, que tenía un indicador de dirección (del que nadie, salvo él, parecía hacer caso)!

Sí, me gustaría tener uno, para saber a dónde dirigirme en este desconcierto general, cuando te jalonean de un lado para el otro, donde cada tema suscita una cacofonía de opiniones diversas y como decía la letra que escribí, cuando tenía unos quince años, para una canción que nunca fue: “¡Ay América te quieren llevar de uno a otro lao…Unas veces para el rubio y otras para el colorao!” …

Todo está revuelto, gritan de todos lados y el ruido atronador ensordece, desconcierta y molesta. Así estamos, caminando sin rumbo aparente y sin un péndulo salvador. Tal vez, habría que ser sordos, como el profesor Tornasol.

Imagen: enroquedeciencia.blogspot.com