HASTA LAS CALENDAS GRIEGAS


Era culto, pudiente y todo lo dejaba para después, menos leer.

Leía, leía y leía.

Por leer “dejaba para después” comer, dormir, bañarse…

Los libros, ordenadísimos en sus estanterías, contrastaban con el desorden reinante, donde rivalizaban bolsitas vacías de snacks, latas o botellas de Coca-Cola – que era lo único que bebía- porque, aunque a veces le apeteciera un café, “dejaba para después” el prepararlo; había ropa sucia, destinada a la lavadora “para después”, ningún vaso, porque bebía directamente de las latas o botellas y una colección desordenada de cartas sin abrir, recibos y notificaciones.

Salir a la calle le significaba tiempo robado a la lectura y sus únicas pausas eran las de ir al baño y llamar por teléfono a la bodega de los bajos para reaprovisionarse de bebidas, snacks, galletitas, caramelos y si en algún momento tenía “verdadera hambre”, un sándwich, también pedido por teléfono, era su solución.

Leer era su vida, vivía para hacerlo, pero un día las letras empezaron a borronearse y “a ponerse difíciles”. Le iba a tocar salir y buscar una óptica. Pensó que lo dejaría “para después”, hasta que una bruma cada vez más espesa le impidió leer.

Como leer era su vida y no veía nada, se dejó morir.

Imagen: democión.blogspot.com

EL CIELO SABE MEJOR


Una amiga me escribió ayer que había visto en Facebook, que a los 103 años, “Tejadita”, el propietario del mítico “Tejadita” barranquino, había fallecido, y pienso que se ha ido al “barrio eterno” dejando un gran vacío entre amigos, familiares y clientes (a los que yo llamaría “fans”) pero que permanecerá, en especial, en la memoria de más de una generación de barranquinos y limeños, sobre todo de aquellos que somos anteriores a las cadenas de hamburgueserías, pollo frito y “comida chatarra” que inundan la ciudad (y el mundo).

Digan lo que digan, era tradicional “irse a Tejadita” después de “la función de noche” de cualquier cine, o para calmar un antojo hambriento, de esos que asaltan de madrugada y que se calman con un “Tejadita Especial” y un gran jugo de mandarina o chirimoya…

Hace ya mucho que no vivo en Barranco, ni voy a “Tejadita”, pero mi recuerdo no se borrará nunca, porque es de esos entrañables, de aquellos que se remontan a la época feliz y despreocupada en la que fuimos habitantes de un mundo diferente, en el que si te provocaba podías caminar de noche o madrugada con el riesgo máximo de encontrar en tu camino a un borrachito abrazado a un poste de alumbrado, o que un perro te siguiera por un rato…

Eran “otros tiempos” y “Tejadita” ha sido una especie de puente que unió el ayer con el hoy y que siempre fue grato recorrer.

No sé si “Tejadita” seguirá, ahora que su homónimo humano ya no está, pero no me cabe la menor duda que desde ya, el Cielo tiene mejor sabor.

Foto: Raúl F / es.foursquare.com

LA MEMORIA NO SE BORRA CON PINTURA


Son tan primitivos, por decirlo suavemente y no tildarlos de estúpidos, que anteanoche quisieron con pintura, borrar el mural que homenajeaba a los dos jóvenes que fallecieron en la marcha ciudadana y destruyeron las manifestaciones de solidaridad, dolor y pésame allí dejadas por innumerables personas.

Los vándalos han sido grabados, identificados e inclusive se conoce el número de la camioneta que los transportó, esperándolos, mientras cometían su acción y las imágenes se han difundido a través de las redes.

La memoria no puede borrarse con pintura de ningún color.

Imagen: es.vecteezy.com

PONGO ME OPONGO


Siempre se oponía. A lo que fuera.

Era “no” porque sí. En las encuestas, siempre escogía el casillero de “me opongo”.

Oponerse le causaba satisfacción. Se sentía importante y decía que “iba contra la corriente”, sin que en realidad tuviera algún motivo, lo moviera algo o conociera “la corriente”.

Oponerse era su vida, pero no se opuso a la muerte porque no vio venir el camión que se lo llevó de encuentro.

Imagen: http://www.teachertoolkit.co.uk

Tiriti tran tran tran


El blog de una empleada doméstica

En el mismo centro de la Arcadia, lugar que se ha mitificado pero que en realidad era una zona bastante cutre del Peloponeso, había un lago siniestro a cuyas aguas no llegaba la luz. Lo único que en aquellas aguas se reflejaba era un amasijo de plumas y picos y un devenir de alas en movimiento. Nada se escuchaba allí, salvo graznidos.

El lago se llamaba Estínfalo y estaba habitado por tal cantidad de pájaros que tapaban el azul del cielo. Las aves del Estínfalo, de gran tamaño, tenían picos, alas y garras de bronce y con esas armas mataban. Todo en ellas estaba hecho para la destrucción, sus excrementos venenosos arruinaban los cultivos, y como eran carnívoras , atacaban al ganado y a la población, devorando tanto animales como humanos, sin hacer distingos.

Aquello era insostenible y no se podía aguantar. Para solucionar la situación los del Olimpo anunciaron…

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