De lo que nada y de lo que vuela by Manolo Echegaray


MasticadoresVenezuela&Colombia Editor: Jerónimo Alayón

Cuando miramos lo inmenso del cielo y el mar, encontramos nuestra propia pequeñez…

AC

Miraba al cielo y pescaba en el mar; nunca había intentado nadar y sabía que surcar el aire no podía. Sualimento venía del mar, de los pecesque conseguía. También comía las aves que podía atrapar en el suelo, mientras, descuidadas, picoteabanenla arena de la playa.

Miraba al cielo y solamente se mojaba hasta los tobillos en el agua, porque temía a esa inmensidad líquida e impredecible que siempre sonaba, emitiendo un ruido monótono que solía ser interrumpido porotromuy fuerte,cuando las manchas blancas, que venían al parecer de lejos,se elevaban amenazantes para deshacerse con estruendo, en la arena húmeda.

Alguna vez pensó que podría haber algo mucho más grande, para quien él fuera comida, del mismo modo que las aves distraídas y los peces brillantes, pero desechó la idea, hasta que fue muy tarde y el extraño…

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Ariadna también tenía un hilo


El blog de una empleada doméstica

En la ciudad de Cnosos, en la isla de Creta, vivía una princesa muy guapa llamada Ariadna. No por ser princesa y guapa su vida era fácil ya que había nacido en una familia disfuncional. Sus padres, el rey Minos y la reina Pasifae, se las traían. La reina, caprichosa y antojadiza, se había enamorado de un toro blanco por lo que se disfrazó de vaca para tener relaciones con él. De esas relaciones nació el Minotauro, mitad hombre, mitad toro. Como no sabían qué hacer con él encerraron al pobre desgraciado en un laberinto.

Por si no tuvieran bastante con los trajines de la señora reina, el hermano mayor de Ariadna, Androgeo, un chico deportista y sanote aficionado a participar en todo tipo de competiciones deportivas y a ganarlas, murió en extrañas circunstancias dejándola sola en la horrible casa familiar.

Su padre, el rey Minos, no se sabe si…

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UNA COSA ES UNA COSA Y OTRA COSA ES OTRA COSA


A los “adultos mayores” parece que se nos considerara imberbes menores que no entienden nada, no pueden cuidarse por sí solos y tienen que ser vigilados, controlados y castigados “si se salen de la raya”, por lo menos en el Perú, de acuerdo a la escalada de prohibiciones, redadas y multas a quienes, teniendo más de 65 años, han cruzado la línea imaginaria de la edad, que se ampara en un decreto-ley, norma u ordenanza oficial que el Gobierno ha dictado.

Esta es la realidad y el pretexto o “razón” para que una realidad así, sea tremendamente real:  la vulnerabilidad de los “adultos mayores” (personas con más de 65 años) frente a la pandemia de Covid 19; vulnerabilidad que es reconocida por todos, especialmente por los “adultos mayores” que somos las víctimas posibles del virus.

Escribo esto como el “adulto largamente mayor” que soy (porque me acerco a los 74) y que, además de la “edad provecta”, reconozco ser de “ultra-riesgo”, porque tengo diabetes, tuve 3 ACV’s y además 4 infartos al corazón…

Sin embargo, gracias a Dios estoy vivo, me cuido, tomo los medicamentos que me recetan y me traen a casa de modo totalmente gratuito, del servicio médico del PADOMI (que funciona maravillosamente bien), no salgo para nada, en la casa hay un estricto protocolo para quien sale (ni mi esposa ni yo) con el fin de hacer compras o realizar alguna gestión necesaria (sale con mascarilla, se rocía lejía diluida con agua en las proporciones indicadas sobre la ropa, deja los zapatos fuera al volver y si hubiera tenido algún contacto, se ducha).

Lo lógico y razonable para Alicia y para mí, que somos “adultos mayores” y de “alto riesgo”, es no salir y felizmente es nuestra hija quien sale. Entiendo perfectamente que no DEBO salir, aunque QUISIERA, por seguridad sanitaria y repito, LO ENTIENDO y ACEPTO DE BUEN GRADO, pero creo que “se pasan” al catalogar a TODOS los “adultos mayores” como seres que se ponen en riesgo de contagiarse de Covid 19, morir y no pensar ni en sí mismos ni en los demás…

Tanto se discute hoy sobre este tema de los “adultos mayores” que me hace recordar una frase de Manuel Gonzales Prada que dice “Los viejos a la tumba y los jóvenes a la obra”, aunque en realidad nada tiene que ver con una pandemia, sino que fue dicha en un discurso que dio en el teatro Politeama, con el fin de recaudar fondos para rescatar a Tacna y Arica de Chile, en 1888…

¿Será que los “jóvenes”, hoy, no quieren que esa frase sea verdad…? Bueno, me parece que la manera como se está haciendo esto, no es –digámoslo suavemente-  adecuado.

Miren, por favor, el video que me enviaron, de mi ex compañera de trabajo, gran y “vieja” amiga Manie Rey.

Yo no puedo haberlo dicho mejor.

Imagen: teura-radio-sala.blogspot.com