LA KODAK


Solamente soy un simple aficionado, como millones de personas y ahora que hacer “¡click!” es casi estúpidamente sencillo (sin el “casi”) gracias a los omnipresentes teléfonos celulares, la fotografía me parece que ha perdido su magia y se ha vulgarizado al masificarse.

Todavía recuerdo con cariño mi cámara “Brownie” de Kodak, que tenía incorporado un flash, de esos a los que se les cambiaban los “bulbos” (foquitos o lamparitas, por si alguien no entendiera) después de cada disparo utilizando flash, porque se quemaban. Contrariamente a su nombre, que se traduciría como “marroncita”, era azul y gris, usaba película 126 de carrete y no pesaba nada – porque en realidad era una caja de plástico vacía- una lente de vidrio con obturador, una mirilla con lente también de plástico, pero transparente, un flash que era parte del cuerpo y los dos carretes para la película – uno lleno y nuevo y el otro que iba recibiendo la película expuesta -. Eso, el sencillo mecanismo que permitía “pasar” la película para cada toma y un cordoncito para colgar del cuello, era todo.

He tenido varias cámaras fotográficas, alguno muy completa como la “Minolta”, con lentes intercambiables, e incluso un “tele”, pero siempre la película fue Kodak, salvo alguna vez que usé “Agfa-Gevaert” o “Fuji Film”. Kodak fue una constante al hablar de fotografía y recuerdo en la infancia, acompañar a mi madre al “Estudio Acevedo” a dejar un rollo para revelar o a recoger el sobre que contenía las imágenes en blanco y negro que perennizaban instantes o retrataban paisajes y las andanzas de mi padre como constructor de caminos.

Kodak ha sido una constante en buena parte mi vida, primero con el blanco y negro, luego con el color en fotografía y después, cuando trabajé en publicidad, como cliente de JWT en el Perú: Una de esas relaciones que van creciendo, maduran y que un día empiezan a vestirse del conocimiento de ciertas cosas que nos intrigaban cuando éramos niños…

Kodak, ahora, ya no es la primera palabra que salta cuando mencionamos fotografía, pues estoy totalmente seguro que esta es “celular” y que lo instantáneo ha reemplazado –tal vez con perjuicio- a lo trabajado, a lo planificado, a lo pensado y según creo, a la calidad (como el “café instantáneo al verdadero café “pasado”).  Aunque las “instantáneas” fueron parte muy importante de la fotografía, requiriendo atención, buenos reflejos y claro, mucha suerte, yo diría que en general se ha banalizado la fotografía, con su “popularización celulárica”, convirtiéndola en una simple y vulgar pestañeada casi irreflexiva.

Hace muchos años, uno hablaba de “la Kodak”, para referirse a la empresa, a la fotografía que veía y a las que tomaba o a la cámara fotográfica barata y sencilla… Hoy es una palabra que casi no se usa, pero que promete regresar, porque he visto que se piensa producir computadoras Kodak, haciendo realidad el título del magnífico vals peruano de César Miró, “Todos vuelven”.

Imagen: ww.clasesdeperiodismo.com